La impaciencia de un ganador

A pesar de lo que muchos podamos pensar, no fue fácil ser Michael Jordan. Sobre todo antes de 1991. No fue fácil ser estigmatizado por muchos analistas por no ser capaz de lograr un campeonato, cuando es trabajo de todo un equipo: presidencia, gerencia, cuerpos médicos, staff técnico, y plantilla de jugadores. El mayor icono del baloncesto en ese momento debía recoger el testigo de Magic Johnson y Larry Bird, y heredar su trono, pero para ello debía ganar.

Michael Jordan llevaba 7 años en la liga y su paciencia se estaba agotando. Consideraba que se estaba haciendo una nefasta gestión de rodearle de las piezas necesarias para conquistar el título de campeón de la NBA.

A principios de 1991 ,la temporada estaba yendo por buen camino para Chicago Bulls. Tenían una plantilla más o menos compensada y la experiencia necesaria para afrontar el mayor reto de todos: ser campeón. Pero Jordan discrepaba sobre la buena línea llevada por el equipo para lograr aquel reto. Según el astro de North Carolina, la plantilla necesitaba más aportación ofensiva desde el banquillo. El propio Jordan instó a Jerry Reinsdorf a que se hiciera con los servicios de Walter Davis, un jugador que estaba sonando como una pieza de intercambio para varios equipos. Finalmente Davis recaló en los Blazers, que tenían el mejor récord de la liga en ese momento. Esto hizo explotar a Jordan. Consideraba que Jerry Krause no había hecho bien su trabajo, y su negligencia había costado la pérdida de un refuerzo importante para el equipo.

 

Los Bulls estaban al comienzo de una gira por el Medio Oeste, y Jordan manifestó su enfado:

“Tan pronto lleguemos a Chicago, llamaré a Reinsdorf (propietario del equipo). Krause lo ha estropeado todo otra vez. Es incapaz de hacer un buen trato”.

 

Tan solo dos días más tarde, se volvió a desquitar antes de un entrenamiento previo a un partido:

“Si yo fuera el GM, habría confeccionado una mejor plantilla”.

 

Estas declaraciones obligaron al propio Jerry Reinsdorf a contestar a Jordan públicamente. Mark Heisler, periodista de L.A.TIMES, se hacía eco de sus declaraciones un 3 de Febrero de 1991:

“Michael es indudablemente uno de los mayores competidores de la historia, junto a Jake Lamotta o Mohamed Ali. Tenías que asesinar a estos tipos para derrotarles. Michael es igual. Pero es un jugador, y los jugadores no saben realmente lo que conlleva entrenar a un equipo o cerrar tratos y hacer contrataciones. Si Michael supiera todas las complicaciones que han surgido en torno al intento de traer a Davis, no se sentiría tan frustrado. Pero él no sabe nada acerca de esto ni podemos sentarnos con él a explicarle cada detalle o nombrarle consultor/asesor del manager general”.

 

La relación entre Jordan y Reinsdorf no tenía nada que ver con la relación que tenía el jugador con Jerry Krause. Jordan respetaba a  Reinsdorf y su forma de llevar los negocios. Su labor con los White Sox de Chicago y como había reconstruido una franquicia como los Bulls cuando estaba en la ruina hasta convertirla en una de las franquicias más rentables, era algo que Michael valoraba mucho. Además Jerry Reinsdorf estaba buscando la manera de intentar pagar a Jordan más dinero con cláusulas adicionales a su contrato, pero la NBA echó atrás estos intentos de burlar el límite salarial. La única posibilidad de que Jordan recibiera más dinero sería que Reinsdorf le pagara de su propio bolsillo.

El jugador seguía terriblemente enojado por aquella situación. Algunos de los socios minoritarios de Reinsdorf estaban también en contra de Jerry Krause, e intentaron aprovechar aquella situación. Se acercaron a Jordan y quisieron unir fuerzas con él para despedir al general manager. Aquella minoría no tenía ningún poder para tomar decisiones contractuales respecto a la franquicia, el único que podía hacer o deshacer a su antojo era Jerry Reinsdorf y no tenía motivos para despedir a Krause, ni deportivos ni económicos. Reinsdorf confiaba plenamente en él , ya había trabajado bajo su mando en los White Sox.

 

Jordan pensaba que sus declaraciones pondrían presión sobre la figura de Krause. Nada más aterrizar de la gira del equipo dejó claras sus intenciones:

“Esto no se ha acabado todavía, conseguiré que este tipo esté fuera de la franquicia”.- en alusión a Jerry Krause.

 

Llamó personalmente a Jerry Reinsdorf, el cual para limar asperezas, le invitó a su casa en North Shore para tratar aquel asunto. Era la primera vez que Reinsdorf tenía una cortesía así con un jugador. En aquella reunión Reinsdorf tomó la iniciativa y apeló al sentido común de Michael Jordan. Reconoció que Jerry Krause tenía sus defectos y que quizás no era la persona adecuada para representar a los Bulls en público, pero argumentó a su favor que había cumplido perfectamente con su trabajo. Había seleccionado a Scottie Pippen y a Horace Grant y había conseguido a un pívot como Bill Cartwight, el equipo iba líder en el Este, entonces, ¿cuál era el problema?

Jordan insistió que aparte de esas elecciones, Krause era incapaz de hacer un buen trato. Nunca le gustó que traspasaran a Oakley, y por eso tenía cierta animadversión hacia Cartwight. Creía que Krause era incapaz de conseguir las piezas necesarias que les ayudaran a conseguir títulos , que no sabía evaluar el talento de los jugadores y que debían contratar a un exjugador como General Manager.

“¿Un exjugador como Elgin Baylor?”- respondió Reinsdorf

 

Elgin Baylor llevaba unos años en el cargo de general manager de los Clippers y a pesar de haber dispuesto de varias elecciones en el top 5 de primera ronda había sido incapaz hasta entonces de conformar un buen equipo. TOUCHÉ.

 

“Juego al golf con muchos General Managers en verano, y todos me dicen que no quieren hacer tratos con Krause. Siempre quiere obtener algo a cambio de nada.”- replicó Jordan

 

“Eso es mirar por el bien de tu empresa. ¿Acaso no hacen ellos lo mismo?”

 

Jordan intentó convencer a Reinsdorf diciéndole que a pesar de la buena marcha del equipo, seguía pensando que la plantilla que había confeccionado Krause estaba carente del talento suficiente para ganar un título. Pensaba que las últimas elecciones del draft (Will Perdue, Stacey King, BJ Armstrong) no estaban siendo de ayuda, y que a pesar del buen rendimiento de Horace Grant y Scottie Pippen, no eran fiables en los partidos importantes.

Ya viste como nos fue el año pasado”- espetó a Reinsdorf en clara alusión a la famosa migraña de Pippen en el séptimo partido de las finales de conferencia contra Detroit.

Afirmó que Krause prefería perder el tiempo persiguiendo a Toni Kukoc en lugar de buscar jugadores que les ayudaran. Según MJ, los Bulls no necesitaban al croata ni tenía la calidad suficiente para jugar a ese nivel. También criticó a Phil Jackson por asegurar que no necesitaban a Walter Davis.

Necesitamos anotación desde el banquillo. También necesitamos reforzar nuestro juego interior, ¿que hay de Tony Campbell o Lasalle Thompson como sugerí?

 

 

Reinsdorf lejos de sentirse presionado respiró y fue sincero:

Bien, no creo que estés ayudando mucho en este asunto. Trabajamos en varias contrataciones, pero cada vez que críticas a tu General Manager, haces más difícil nuestro trabajo. Cada vez que haces esas declaraciones, los demás equipos tienen la impresión de que estamos desesperados, e intentan sacar provecho de ello

 

Reinsdorf estaba siendo sincero y directo, no era la primera vez que se mostraba así con Jordan. Anteriormente Michael intentó presionar al propietario de los Bulls para traspasar a Horace Grant y a Scottie Pippen. A pesar de todo seguían manteniendo una buena relación.

“¿Acaso quieres que la gente piense que eres como Isiah Thomas?. Imagina cómo hacen sentir tus palabras a tus compañeros. ¿Qué es lo que se supone que tienen que pensar cuando su capitán les dice que no son lo suficientemente buenos? ¿Cómo se supone que vas a conseguir el máximo de ellos cuando hablas así? ¿Y cómo se supone que vamos a conseguir un buen trato cuando estás bajando el valor de los jugadores que intentamos incluir en un traspaso? ¿Por qué deberían los demás equipos darnos algo bueno a cambio si los jugadores que les ofrecemos no tienen calidad según tus declaraciones?”

 

Jordan no supo que responder, sabía que Reinsdorf tenía razón. El propietario de los Bulls simplemente le dio una dosis de sentido común. Era consciente de que no podía convencer a Reinsdorf. Pensaba que Krause era un cobarde en las negociaciones, y que Reinsdorf no tenía la ambición suficiente. Cuando Michael llego a su domicilio, lo primero que hizo fue llamar a su agente David Falk, y pedirle que buscara la manera de romper su contrato de cara a la temporada siguiente.

Finalmente los Bulls no hicieron ninguna transacción aquella temporada. Llegaron a las finales de la NBA y consiguieron el título. El resto es historia.

 

Nunca sabremos la presión que tuvo que soportar Michael Jordan hasta conseguir aquel primer campeonato. Aquella presión le hizo ser impaciente en muchos momentos, y sólo la serenidad y la visión de Jerry Reinsdorf impidieron que los Bulls tomaran decisiones precipitadas. Jordan y el resto del equipo hicieron su trabajo dentro de la cancha. Fue el comienzo de una dinastía.

Nota: Algunos pasajes del texto son sacados del libro The Jordan Rules, de Sam A. Smith.

Otras fuentes: LA Times, Chicago Tribune y Chicago Herald.