Un largo, cálido y hermoso invierno en Utah

Con la venta de la franquicia de Utah Jazz por parte de la familia Miller, termina una próspera etapa en el equipo de Salt Lake City, y comienza otra esperanzadora con un equipo joven y un propietario arraigado en la comunidad de Utah.

Con la venta de la franquicia de Utah Jazz por parte de la familia Miller, termina una próspera etapa en el equipo de Salt Lake City, y comienza otra esperanzadora con un equipo joven y un propietario arraigado en la comunidad de Utah.

Gail y Larry Miller apenas habían asistido a unos pocos partidos de los Jazz antes de ser propietarios. Habían sido invitados con la clara intención de persuadirles para que invirtieran en la franquicia.

“Nuestra empresa absorbía todo nuestro tiempo y nunca habíamos estado en un partido de los Jazz”

En 1985, la franquicia de Salt Lake City estaba en serio peligro de ser vendida y trasladada a otra ciudad, dejando a los habitantes de la ciudad del estado mormón sin equipo. Se creó una iniciativa para que un número de hasta 30 personalidades con capacidad económica aportaran una cantidad de $100.000 cada uno para mantener la franquicia en la ciudad. En una conversación entre el matrimonio, Gail le dijo a su marido:

“Me gustaría que los Jazz se quedaran en Salt Lake City, pero no creo que sea posible a pesar de los esfuerzos que están haciendo”.

Larry Miller tomó cartas en el asunto y compró la mitad de la franquicia por $8.000.000 y al año siguiente compró la otra mitad por $14.000.000.

En aquel momento era una operación arriesgada, pero hoy en día la franquicia vale miles de millones de dólares”, dijo Gail Miller años antes de cerrar un acuerdo con Ryan Smith, fundador de “Qualtrics”, para vender la franquicia y el Vivint Smart Home Arena (antes Delta Center) por una cantidad de $1.66 billones.

Tras la compra de la franquicia, el equipo empezó a cosechar buenos resultados deportivos y los Miller llegaron a la conclusión que el Salt Arena se quedaba pequeño para la demanda de la ciudad de Salt Lake City. Se embarcaron en la construcción de un nuevo pabellón que se estrenó en otoño de 1991, el Delta Center. El pabellón además de ser el hogar de los Jazz, albergó mega conciertos y fue sede de las competiciones de patinaje artístico y patinaje de velocidad de pista corta en los Juegos Olímpicos de Invierno de 2002.

En febrero de 2009 Larry Miller falleció como consecuencia de complicaciones derivadas de la diabetes que padecía, y su hijo Greg tomó las riendas del negocio familiar.

En estos 35 años los Jazz han vivido buenos momentos pese a que no han logrado conquistar ningún campeonato. Estuvieron muy cerca de conseguir el ansiado trofeo de campeón para sus vitrinas en la década de los 90, cuando disputaron dos finales en las que cayeron derrotados ante los Bulls de Michael Jordan (97, 98).

Durante todo este período la afición de Salt Lake City se ha mantenido involucrada con su equipo de baloncesto, consciente de que un mercado tan pequeño como el suyo acarrea ciertas dificultades adicionales a la hora de confeccionar plantillas competitivas.

Ningún joven adolescente tiene como sueño jugar algún día en Salt Lake City, todos ansían jugar en New York, Chicago, Detroit, Los Angeles o San Francisco, por poner algunos ejemplos de grandes urbes. Los Miller gestionaron la franquicia de la misma manera que harían con el resto de sus negocios, fueron sensatos y aplicaron las mismas reglas que les llevaron al éxito empresarial.

Para contratar jugadores utilizarían un método lo más similar a un estudio de mercado, que les permitiría seleccionar los jugadores que mejor encajaran en el entorno de la ciudad y de la franquicia. Con la paciencia como principal motor para construir sus proyectos, los Jazz se han establecido como una de las franquicias más sólidas y regulares de la competición a pesar de la desventaja que tienen frente a otras con mayores posibilidades. Al fin y al cabo sólo una franquicia puede ganar el campeonato y no se puede estar reconstruyendo proyectos cada dos años.

El equipo ha adquirido tanta importancia en la vida de los ciudadanos de Salt Lake City y del estado de Utah, que los Miller quisieron asegurarse de que los Jazz permanecieran allí durante muchos años. La familia anunció en 2017 que crearía un fideicomiso heredado para mantener al equipo en Utah. La familia Miller administró el fideicomiso, sin ver ningún tipo de beneficio del equipo o del pabellón. Todos los beneficios retornaban al fideicomiso para mantener viva dicha operación.

El objetivo del fideicomiso era retrasar cualquier posible venta que sacaría al equipo de Utah. El próximo propietario, Ryan Smith, de 40 años, ha sido criado y ha residido en el estado de Utah desde su niñez. Aunque la junta de propietarios de la NBA debe aprobar la venta, todo parece indicar que tendrá el visto bueno de este organismo.

“Crecí viendo a los Jazz. Soñé con jugar en este equipo pero no pudo ser. El legado que ha creado la familia Miller es intocable. Todos estamos increíblemente agradecidos por ello. El equipo es un regalo para toda esta comunidad, y así es como lo enfocamos”. RYAN SMITH

Durante estos 35 años los Jazz han cosechado 16 temporadas con 50 victorias o más, nueve títulos de división y dos campeonatos de la Conferencia Oeste. Solo los San Antonio Spurs tienen un mejor porcentaje de victorias que los Jazz (1.470-1.014, 59.2%) desde la temporada 1989-90. Con la venta de la franquicia a Ryan Smith, Gail Miller se ha asegurado de que el equipo tenga una larga permanencia en la ciudad de Salt Lake City y el estado de Utah.

Parafraseando a Phil Connors, el personaje encarnado por Bill Murray en la película ‘Atrapado en el tiempo’ : “No podría imaginar una suerte mejor que un largo y hermoso invierno en Utah”

 

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