Butler, Thibodeau y el karma
Cuando pensamos en un jugador que todo el mundo quiere tener en su equipo debe recoger unas características parecidas a las siguientes: Ambición a la hora de sacar lo mejor de los compañeros, garra a la hora de competir siempre dando lo mejor de sí, no tener miedo de caer en el camino pero siempre con buen sabor de boca… Y realmente son muchas más las que se podrían añadir pero creo que se resume más rápido con un nombre y un apellido: Jimmy Butler.
Este jugador que creció en Houston sin una figura paterna y fue abandonado por su madre a una edad muy temprana ha sabido lo que es sufrir antes de llegar al éxito, ha sabido lo que es vivir en el infierno antes de llegar a tocar el cielo con la punta de sus dedos.
La dura infancia que vivió Jimmy es algo fundamental para entender como se ha forjado un carácter de hierro y con una personalidad, aunque a alguno le sorprenda, muy parecida a la de Michael Jordan. Desde niño cuando no tenía hogar e iba de casa de un amigo a casa de otro amigo semana tras semana se le notaba que tenía algo especial en su forma de ser. No quería ser una molestia para las familias que le abrieron las puertas de su casa y desde que tenía otro sitio para hospedarse se iba muy agradecido por los días bajo su techo.
Hasta el High School no fue cuando conoció a un amigo que le cambiaría la vida al acogerle en su casa y acompañarle hasta convertirse en el mejor jugador de su categoría. Una gran proeza pero que no fue suficiente para que le llegaran ofertas de NCAA y tuvo que buscarse el pan en el baloncesto texano hasta que por fin le llegó la llamada de Marquette, la que fue su universidad y dónde tuvo varios problemas de rol.
En sus dos primeras temporadas como universitario salía desde el banquillo con promedios muy bajos de alrededor de 5 puntos por encuentro. Los primeros pasos de Butler en el baloncesto podían ser pésimos a nivel de protagonismo pero nunca perdió la fe en seguir progresando poco a poco hasta conseguir un hueco en el quinteto titular del equipo. La Conferencia Big Est tuvo el placer de ver de primera mano como surgía la figura de un joven que solo pensaba en comerse el mundo.
En 2011 llegaba el momento soñado por Jimmy, tocaba declararse elegible para el draft de la NBA con la duda de si aparecería entre los seleccionados, aunque teniendo muchas esperanzas en salir al menos en los últimos puestos. Comenzó el draft y empezaron a salir nombres: Kyrie Irving en el pick 1º para Cleveland Cavaliers, Kemba Walker en el pick 9º para Charlotte Bobcats, Kawhi Leonard en el pick 15º por Indiana Pacers y traspasado a San Antonio Spurs… Mientras Butler esperaba que saliera su nombre pero sin mucho nerviosismo en el inicio de la velada. Con el transcurso del evento se estaba apunto de finalizar la primera ronda sonando el nombre de Cory Joseph en el pick 29º para los Spurs. Justo en ese instante fue cuando sonó la flauta: “With the pick 30º, the Chicago Bulls select Jimmy Butler from the Marquette University“.

La mítica franquicia de Jordan había seleccionado a un chico por el que no mucha gente apostaba y que se ha terminado por convertir en un auténtico talento del baloncesto mundial. Si hubiera que describir con una frase a Jimmy no podría ser otra que: “La pasión por lo que haces te hará entender que los límites solo son mentales“.
Ya como jugador NBA, debido al Lockout de 2011, solamente disputó 42 partidos en los que no le dieron la oportunidad de estar en pista ni la cifra de 10 minutos de media por encuentro. ¿Se volvía a repetir la situación?, pues sí, ya como universitario supo lo que es no tener un papel protagonista en la obra, pero como ya hizo en Marquette tocaba demostrarle al guionista que los personajes estaban mal repartidos.
En la Summer League siguiente anotó más de 20 puntos de media y le demostró a los Bulls que tenían que confiar en él, que tenían un diamante en bruto. Pero había una persona en la franquicia que no le quería en el proyecto, ese era Tom Thibodeau.
El entrenador quedó retratado cuando tras la lesión de Luol Deng fue Butler quien ocupara la posición de titular en los playoffs donde consiguió un gran rendimiento, una demostración de lo que es este jugador y, sobre todo, ganarse a la afición de Chicago que poco a poco se iba enamorando de un jugador muy diferente al resto. Este escenario llevó a que el equipo le ofreciera renovar su contrato, aunque la oferta no fue muy elevada e hizo que Jimmy la rechazara confiando en si mismo. Ese último año que le quedaba antes de convertirse en agente libre era un punto de inflexión en su carrera y él lo sabía.
En la temporada 2014/15 fue cuando explotó el verdadero Butler que todos conocemos a día de hoy. En ese curso fue llamado para participar en el All-Star y fue condecorado con el premio al jugador más mejorado. Su ambiciosa apuesta de no aceptar la oferta que le habían ofrecido le salió a las mil maravillas. Desde ese año se convirtió en uno de los referentes de la liga y fue cuando le traspasaron a los Minnesota Timberwolves a cambio de piezas de futuro con las que los Bulls se embarcarían en una reconstrucción.
Una vez en los Wolves tocaba un reencuentro con ese entrenador que le había puesto la cruz antes de tiempo durante su estancia anterior en la franquicia de Illinois. El karma actuó sobre Thibodeau y le demostró que uno de los momentos en los que más equivocado ha estado fue cuando dudó de Butler.
