La dinastía silenciosa de Gregg Popovich

Veinticuatro temporadas entrenando la misma franquicia, cinco anillos y tres premios al “Coach of the Year”. No es necesario enumerar más méritos para identificar a este personaje: Gregg Charles Popovich. Da igual si empezaste a ver la NBA a finales del siglo veinte, durante la primera década de los 2000 o has descubierto recientemente este singular paraje, seguro que sabes quién es.

El pasado trece de junio vimos como los Warriors colapsaban y fracasaban en su intento de conseguir el ansiado “three peat”, un logro que permite colgarte la etiqueta de dinastía y que únicamente equipos como Celtics, Lakers o Bulls pueden decir con orgullo que la poseen. Sin embargo, hoy quiero traer al menú un plato que todavía no está listo para ser servido, pero que lleva mucho en el horno: La dinastía silenciosa de Greg Popovich.

Es verdad que sus Spurs no tienen tres campeonatos ganados consecutivamente. No obstante, quiero sacar algunos datos que a lo mejor hacen cambiar tu idea sobre el concepto de la palabra dinastía. Según la segunda definición de la RAE, una dinastía es: “Familia en cuyos individuos se perpetua el poder o la influencia política, económica, cultural, etc.”. Vamos a destacar un concepto clave sobre el que ahondaremos y que está siempre presente en la organización de San Antonio cuando se habla sobre su modelo: La cultura.

Una de sus mayores premisas es aceptar tu rol en la organización, anteponiéndolo a tu propio ego, algo muy difícil de encontrar en esta liga. De esta forma cada individuo representa una pieza de un puzzle mayor en las manos del mejor arquitecto. Desde que llegó al equipo, salvo en su primera temporada (17 – 47), Popovich siempre ha finalizado con balance positivo. Sus números son abrumadores. A día de hoy, su registro de victorias en temporada regular es 68.5% y un 59.9% en Play-Offs. Por poner un poco de contexto: Tiene más victorias a lo largo de su mandato en la franquica tejana que hasta siete equipos en toda su historia.

Sin contar su primera temporada, su peor Regular Season fue hace dos temporadas, en la que Kawhi jugó únicamente 9 partidos para posteriormente marchar hacia Toronto. Pese a ello, los Spurs acabaron 47-35, y por supuesto, jugando postemporada pese a que muchos auguraban un año abocado a la reconstrucción y el tanking, una palabra difícil de encontrar en el diccionario de Popovich.

Si su peor temporada podría ser considerada el objetivo básico de una franquicia por encima del Top 15, imaginaos si hablamos de su mejor temporada regular. No hay que retroceder mucho en el tiempo, únicamente cuatro años atrás, cuando aún la Santísima Trinidad de los Spurs -Duncan, Ginóbili y Parker- campaba a sus anchas por las pistas, a los que se le sumaban Kawhi y LaMarcus Aldridge, junto a jugadores de rol como Danny Green y Patty Mills. Este equipo acabó con un récord de 67 – 15, y si te estás preguntando por qué no sonaron más, la respuesta la tienen los locos de la Bay Area.

Ese grupo jugaba lento, con una media de 93.8 posesiones por partido. Solamente seis equipos jugaban más despacio, una filosofía de juego totalmente a la contra del llamado baloncesto moderno. Sin embargo, acabaron como la mejor defensa de la liga con un rating defensivo de 99.0, y el cuarto mejor ataque, con 110.3, probando una vez más la capacidad de adaptación de Popovich a cualquier era.

Es difícil ver entrenadores que sobrevivan más de 7 años en la liga, incluso en diferentes equipos, sea por malos resultados, decisiones de los ejecutivos o por motivos de salud. Una de las razones principales para que un entrenador no continúe su carrera es el rechazo al cambio. El baloncesto evoluciona cada temporada, sea por la incorporación de nuevas reglas o de tecnologías que empiezan a formar parte del juego. La nueva tendencia liderada por los Houston Rockets refleja que los equipos quieren jugar más rápido y evitar la media distancia buscando siempre el tiro de tres, lo que provoca tiros con hasta 18 segundos en el reloj de posesión. Popovich siempre ha sido reacio al tiro de tres, pero a diferencia de otros dinosaurios, entiende su importancia en el juego y, aquí, es cuando el maestro empieza a impartir cátedra.

Una máxima de los Spurs ha sido siempre crear el mejor tiro posible mediante un recurso que sí encontraremos en el diccionario de Pops: El extra pass, uno de los conceptos básicos de su cultura. Es un recurso del juego que incide en que aunque tengas una opción de tiro, si un compañero tiene una mejor, el balón debe acabar en sus manos. En San Antonio creen firmemente en la necesidad de trabajar para construir y encontrar ese tiro, desde donde sea. Por eso, si echamos un vistazo a los registros históricos de tiro, desde 1997, los Spurs son líderes en Effective Field Goal Percentage (eFG%) con 50.9%. Es posible que no tiren tanto como el resto, pero cada bala que disparan es bien certera, y así lo probaron el año pasado, siendo el equipo que menos triples tiró, pero el que mejor porcentaje tuvo, con 39.2%.

Puede gustarte más o menos, pero la capacidad camaleónica de este entrenador para adaptarse a cualquier medio es innegable, y esa es la mayor razón por la que sus equipos, temporada tras temporada siguen siendo competitivos. Y su influencia va más allá de la propia franquicia. Entrenadores como Brett Brown, Mike Budenholzer, James Borrego o el propio Steve Kerr, fueron discípulos de Popovich y hoy en son Head Coaches en la NBA.

Por ir terminando y dar reconocimiento a esos tres mosqueteros que tantas alegrías le han dado a San Antonio. Habréis podido encontrar muchos números a lo largo de este texto, pero ninguno referido a ellos. Y sería imposible hablar de Popovich sin mencionar a Duncan, Ginóbili y Parker. Por eso quiero rescatar unas palabras de Popovich en 2014 hablando sobre ellos: “Os quitaba en el 4º cuarto y así vuestras estadísticas eran peores que las de otras estrellas de la liga, y lo siento, pero lo que hacíais por el equipo… Es increíble. Y tengo suerte de que vosotros permitierais que eso sucediera, porque en muchos equipos eso no se permite”. Nuevamente, una lección de que el ego no podía estar por encima del colectivo. No serán recordados por récords individuales, pero los que tuvimos la suerte de verles sabemos que el único número que les preocupaba era el del marcador final.

El silencio de esta dinastía tan particular se romperá cuando su protagonista abandone el escenario y seamos conscientes de toda su historia. Hasta entonces podremos seguir disfrutando de un equipo que, desde 1997, solamente ha sufrido un récord negativo durante 65 días, mientras los Rockets, su perseguidor mas cercano, ha estado 943. Un frío dato que resume la trayectoria de un entrenador de leyenda.

 

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Miguel Garcia
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