Uno de los equipos de moda, Denver Nuggets, presume de tener dos de los jugadores más extraños en la NBA actual: Nikola Jokic e Isaiah Thomas.
Al pensar en Denver Nuggets, (además de pollo) se viene a la cabeza una sensación positiva, fresca, de sorpresa y de satisfacción tras esta temporada. No es inmerecido. Están luchando con Warriors por la primera plaza del complicado oeste, llevan con su participación en Play Offs asegurada desde hace tiempo y su entrenador, Michael Malone, es uno de los principales candidatos a mejor técnico del año.
Es él, Malone, quien estructuró un equipo de lo más completo y versátil con una punta de lanza muy característica: Nikola Jokic. El center que todo lo puede hacer. Un europeo del año 95 que llegó en el draft de 2014, rodeado de una hornada llena de esperanzas con Wiggins, Embiid, Jabari Parker, Aaron Gordon o LaVine. Nadie esperaba que el serbio fuese lo que ahora es. Siquiera Nuggets, que le dieron una oportunidad en su elección número 41.
Desde entonces su mejora ha sido progresiva, como la del bloque de Nuggets. De 10 puntos, 7 rebotes y 2 asistencias en su primer año a 20 puntos, 11 rebotes y 8 asistencias en la temporada vigente.Datos, estadísticas, porcentajes… todo muy claro. Pero lo más curioso de este jugador no está en los números. Frente a la tendencia de la liga de ir hacia un perfil más físico, potente y atlético que nunca, se puede decir que Jokic es un jugador de élite con “barriguita”. No se debe sorprender esto a nadie, es un siete pies de 113kg (mismo pero que Embiid sin siquiera una decima parte de sus músculos).
Dado su estilo de juego y su inteligencia baloncestística (IQ para los anglófilos), no requiere de un físico imponente para destacar. Puede jugar en el poste alto, en el bajo, jugar el Pick&Roll con Murray (con el que, por cierto, se entiende a la perfección), tirar de tres, penetrar, postear, rebotear… y pasar, pasar mucho y bien. Es un jugador muy especial, de los que hacen triple-doble sin querer, de los que aportan y generan para sus compañeros. Igual coge 20 rebotes como da 20 asistencias. Y encima es bonito verle jugar. Ante fenómenos así, aun estando en la NBA más vertical y atlética de la historia, el físico pasa a un segundo plano.
Parece que a Malone le atraen los perfiles “diferentes”. En el mismo equipo están el jugador “más gordo” (entended la expresión como el menos definido) y el más bajo de la competición. Sí, es turno de hablar de Isaiah Thomas. 1’75, y con zapatillas. Aun con una lesión de lo más complicada, poco éxito en Cavaliers y Lakers y no tener equipo durante más de medio verano, Denver le dio una nueva oportunidad (y dos millones de dólares, claro).
Todavía en proceso de adaptación, el base ex Celtic ya juega 15 minutos por partido y promedia nueve puntos. Puede ser una pieza importante, junto con Millsap, para aportar experiencia durante los Play Offs a chavales como Jokic, Harris, Barton o Murray. Otro jugador que suple físico con inteligencia.
Denver Nuggets, uno de los equipos más inesperados de la temporada, está sorprendiendo con jugadores fuera de los cánones de la NBA. Quizá esto sirva de precedente para valorar más el IQ que el físico en ciertos casos. Quizá esto sirva de motivación para todos aquellos chavales que, sin tener unos abdominales de acero ni superar los dos metros, quieran cumplir su sueño de jugar en la NBA.
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