Trampas en blanco y negro

Kentucky ganó su segundo campeonato de la NCAA en 1949. Sin embargo, sus dos mejores jugadores estuvieron implicados en el amaño de algunos partidos.


La universidad de Kentucky es una de las más prestigiosas de la NCAA en lo que se refiere a baloncesto masculino. Han disputado el March Madness 52 veces y alcanzado la Final Four en 17 ocasiones. Los Wildcats tienen en sus vitrinas ocho títulos universitarios. Y, cómo sabéis, muchos de sus jugadores han acabado realizando grandes carreras en la NBA. Algunos ejemplos son los hall of famers Dan Issel, Cliff Hagan y Frank Ramsey. También pasaron por allí primeras elecciones del Draft como John Wall, Anthony Davis o Karl-Anthony Towns y otros jugadores actuales como Devin Booker, DeMarcus Cousins o Rajon Rondo, entre otros.

El primero de los ocho campeonatos del equipo colegial llegó en 1948. Tras una temporada excelente, el conjunto dirigido el mítico Adolph Rupp llegó a la final del NCAA Tournament. En el Madison Square Garden les esperaba una universidad de Baylor que, al igual que ellos, se veía en ese escenario por primera vez en toda su historia. Sin demasiadas dificultades, los Wildcats se impusieron por 58-42 y levantaron el trofeo de campeones de la NCAA. El máximo anotador de aquel encuentro fue uno de nuestros protagonistas de hoy, Alex Groza. El talentoso pívot, natural de Ohio, anotó 14 tantos. Aún no había acabado el ciclo universitario, pero sus ojos ya estaban puestos en la BAA, la liga de baloncesto más prestigiosa del país junto con la NBL.

Tras proclamarse campeón, Kentucky disputó los Olympic Trials. Llegaron a la final, en la que perdieron ante los Phillips 66ers de la AAU (Amateur Athletic Union) por 53-49. De esta forma, el entrenador de los 66ers, Bud Browning, fue designado seleccionador estadounidense para los Juegos Olímpicos que se disputaron ese mismo verano en Londres. Al ser derrotado, Adolph Rupp fue su asistente en aquella competición. Al haber sido los dos mejores equipos de los Olympic Trials, los miembros de los quintetos titulares de ambos equipos acabarían representando a su país en la cita olímpica.

Por parte de los Oilers, fueron Lewis Beck, Gordon Carpenter, Robert Kurland, R.C. Pitts y Jesse Renick. Los Wildcats llevaron a su brillante Fab Five, formado por Clifford Barker, Ralph Beard, Wallace Jones, Kenneth Rollins y, por supuesto, Alex Groza. Además, la selección estadounidense sumó a dos jugadores de la AAU (Don Barksdale -Oakland Bittners- y Vincent Boryla -Denver Nuggets-) y a otros dos universitarios (Raymond Lumpp –New York- y Jack Robinson –Baylor-). Rupp y Browning acordaron que los quintetos de Kentucky y los 66ers –en ocasiones con alguno de los otros cuatro miembros del equipo-, se irían sustituyendo cada ciertos minutos, pues de esa forma rendirían mejor.

Salvo el encuentro con Argentina en la fase de grupos, en el que vencieron 59-57, el resto de los compromisos fueron un auténtico paseo para el conjunto de Estados Unidos. Ganaron en la final a Francia, que sólo pudo anotar 21 puntos por los 65 de los pupilos de Bud Browning. De esa forma, Estados Unidos consiguió su segundo oro olímpico en el deporte de la canasta. Alex Groza fue el máximo anotador del equipo con 11’1 puntos por partido y añadió a su título de la NCAA la prestigiosa presea.

Selección estadounidense en los Juegos Olímpicos de Londres 1948.
usab.com

 

Meses después de la aventura olímpica, los Wildcats se pusieron manos a la obra para defender su título en el que sería el último curso de Groza en la competición universitaria. El 21 de marzo de 1949, y tras perder sólo dos partidos en toda la temporada, llegaron de nuevo al Madison Square Garden para disputar la semifinal regional del Este. Allí esperaba la Villanova del gran Paul Arizin, uno de los mejores jugadores universitarios del momento. Pese a los 30 puntos del alero, Kentucky se impuso por 72 a 85 gracias a una extraordinaria actuación de Groza, que también llegó a la treintena de tantos.

Al día siguiente vapulearon a Illinois en la final regional por 76-47, consiguiendo el pase a la final nacional por segundo año consecutivo. Cuatro días después, disputaron en Seattle el partido por el campeonato. En un duelo a muy pocos puntos, los chicos de Rupp vencieron 46-36 a Oklahoma State. Ya eran campeones de la NCAA por partida doble. Y Groza, que anotó 25 de los 46 puntos de su equipo en la final, fue nombrado de nuevo MOP (Most Outstanding Player) del torneo.

El mismo día en el que los Wildcats derrotaron a Villanova en la semifinal regional se celebró el Draft de la BAA. La ceremonia tuvo lugar en el Hotel Commodore de Nueva York. Hasta cuatro jugadores de Kentucky fueron seleccionados. Los Indianápolis Jets eligieron en la segunda posición de la primera ronda a Alex Groza. En esa primera ronda fueron escogidos también Wallace Jones (8º, por los Washington Capitols) y Ralph Beard (9º, por los Chicago Stags). Más tarde, en la quinta ronda, Cliff Barker fue elegido por los Washington Capitols. Pese a ello, los cuatro jugadores acabaron firmando para jugar en la NBL. Lo hicieron con un nuevo equipo que se iba a albergar en Indianapolis junto a los ex Wildcats Joe Holland y Jack Parkinson, que fueron seleccionados en el anterior Draft de la BAA.

Meses después, en agosto de ese mismo año, la BAA y la NBL se fusionaron. De esa forma nació la NBA. El equipo por el que firmaron esos seis miembros de Kentucky, que fue bautizado como los Indianapolis Olympians, se unió a la nueva liga. El conjunto, además, fue comprado íntegramente por Beard, Groza, Barker y Jones. Esto convierte a los Olympians en la primera y única franquicia de la historia de la NBA en ser propiedad de sus jugadores. En su primera temporada ganaron 39 partidos y perdieron 25, firmando el mejor récord de la División Oeste y el cuarto de la competición. Todo ello con Cliff Barker ejerciendo de entrenador-jugador. Alex Groza, que promedió 23’4 puntos por partido, formó parte del All-NBA First Team. Y Ralph Beard, que rozó los 15 tantos por encuentro, fue incluido en el segundo mejor quinteto del curso.

En la primera eliminatoria del equipo en Playoffs se encontraron con los Sheboygan Red Skins, franquicia que desapareció meses después. Pese a que estos firmaron un récord negativo en temporada regular (22-40), plantaron cara al gran favorito a llevarse el título de división. Se llegó a un definitivo tercer partido tras sendas victorias locales en los dos primeros encuentros. En un duelo igualado, los Red Skins llegaron con tres puntos de ventaja al último cuarto. Sin embargo, los Olympians lograron dar la vuelta al marcador e imponerse por 91-84. La pareja formada por Groza (30) y Beard (24) sumó 54 tantos que fueron vitales para evitar la sorpresa.

Alex Groza con la camiseta de los Olympians.
sportsecyclopedia.com

 

Aquella dura victoria les daba el pase a las Finales de División, en las que se encontrarían con unos Anderson Packers que, al igual que los Red Skins, desaparecerían una vez terminada la temporada. Aquel equipo estaba liderado por Frankie Brian, un base de 185 cm que anotó 17’8 puntos por partido ese curso, superado tan sólo por George Mikan y el propio Alex Groza. Brian –primo del gran Bob Petit- y compañía venían de derrotar, no sin dificultades, a los Tri-Cities Blackhawks (actuales Atlanta Hawks), entrenados por aquel entonces por un joven Red Auerbach. Aunque no eran los favoritos ante los Olympians, estaban dispuestos a darlo todo para intentar superarlos. Y vaya que si lo hicieron.

Tras vencer por tres puntos a los Packers en el Game 1, el conjunto entrenado por Cliff Barker se vio ampliamente superado en el segundo encuentro. De esa forma, ambos equipos disputarían de nuevo un duelo a vida o muerte. Un tercer partido cuyo ganador obtendría un billete para las Semifinales de la NBA. El duelo, al igual que el que enfrentó a los Olympians ante los Red Skins, fue muy igualado. Y, precisamente, Indianapolis volvió a llegar al cuarto periodo con tres puntos de desventaja. Finalmente, y pese a los 26 puntos de Alex Groza, Anderson se llevó el partido y la eliminatoria por 65-67. Esto puso el punto y final a la primera temporada de la historia de la franquicia. No habían logrado su objetivo, pero contaban con uno de los mejores jugadores de la liga para conseguirlo en el futuro. O, al menos, eso creían.

El equipo no sufrió muchos cambios la siguiente temporada. Con respecto a los jugadores que disputaron los Playoffs de 1950, tan sólo perdieron a dos piezas residuales como Bob Evans y Marshall Hawkins. Se vieron reforzados para el nuevo curso con tres de sus elecciones en el Draft de 1950, el alero Chuck Mrazovich (3ª ronda), el ala-pívot Bob Lavoy -octavo pick del sorteo universitario- y el exterior Leon Blevins. Este último, sin embargo, sólo disputó dos partidos en la liga. También incorporaron al sophomore Leo Barnhorst, al cual seleccionaron en el dispersal Draft que se produjo tras la desaparición de varios equipos de la competición. Pasado el ecuador de la temporada, el récord era de un pobre 22-28. Por lo tanto decidieron moverse. Perdiendo solamente dinero –se desconoce la cantidad-, se hicieron con los servicios del hasta entonces pívot de los Celtics John Mahnken y del alero novato Don Lofgran, procedente de los Syracuse Nationals.

La 1950-51 fue la primera temporada en la que se disputó el All-Star Game. Alex Groza y Ralph Beard formaron parte de él. También fueron incluidos ambos en el mejor quinteto del curso. Pese a todo ello, aquella regular season fue un fracaso para la franquicia. Acabaron con 31 victorias y 37 derrotas. Por suerte para ellos, ocho de los once equipos de la liga y cuatro de los cinco de su división entraban en Playoffs. Se verían las caras en primera ronda con los Minneapolis Lakers de George Mikan, quienes defendían el título. Los Lakers, liderados por un Mikan que anotó 41 puntos, se impusieron sin demasiadas complicaciones en el primer encuentro de la serie. En el segundo, el conjunto de Indianapolis aprovechó una lesión de Mikan al principio del partido para forzar el tercer y definitivo duelo.

Otra vez, al igual que en las dos eliminatorias que disputaron el año anterior, Groza y compañía iban a enfrentarse a un win or go home. Y, de nuevo, volvían a llegar al último cuarto con tres puntos menos que su rival. Pese al esfuerzo titánico de Groza (38) y Beard (24), que sumaron 62 tantos entre ambos, los Lakers se llevaron el gato al agua por 85-80. Este partido puso el punto y final a la temporada de los Indianapolis Olympians. Y con ello, aunque entonces no lo sabían, a la carrera en la NBA de los dos mejores jugadores de aquel talentoso equipo.

George Mikan y sus Lakers fueron los encargados de eliminar a los Olympians.
nba.com

 

El 20 de octubre de 1951, Groza y Beard se dirigían a la localidad de Moline (Illinois). Allí iban a disputar un partido de exhibición días antes de que diera comienzo la nueva temporada. Esa noche decidieron quedarse en Chicago para disfrutar de un encuentro que enfrentaría a los mejores jugadores de la NCAA con los actuales campeones de la NBA, los Rochester Royals. Además, aquel equipo de estrellas universitarias era entrenado por Adolph Rupp. Con lo cual, las dos grandes figuras de los Olympians tenían la oportunidad de volver a ver a su antiguo y querido entrenador.

Unos meses antes, durante el verano, se empezó a destapar una red de amaños de partidos en la NCAA. El primer caso registrado en la competición tuvo lugar en 1945, cuando la universidad de Brooklyn expulsó a cinco de sus jugadores por aceptar sobornos a cambio de perder determinados encuentros. Sin embargo, parece ser que ese caso aislado no tuvo nada que ver con lo que empezó un par de años después. Hasta 1951 no se descubrió que las universidades de Manhattan, New York y Long Island estaban involucradas en la manipulación de partidos, muchos de ellos disputados en el Madison Square Garden. Pasó muy poco tiempo hasta que se descubrió que la universidad de Bradley (Peoria, Illinois) también formaba parte de ese entramado. No todo quedaba, por lo tanto, en Nueva York. Ni mucho menos.

Finalmente, la investigación encontró evidencias de amaño en 86 partidos disputados entre 1947 y 1950 en 17 estados diferentes. Como mínimo, 33 jugadores estaban implicados. Y, aunque no había forma de comprobarlo oficialmente, muchos otros también formaban parte de aquello. Entre los presuntos partícipes había varios miembros de Kentucky, entre los que destacaban Alex Groza y Ralph Beard. Adolph Rupp salió en su defensa en varias ocasiones, manifestando que los líderes de la red no podrían haber tocado a sus chicos “ni con un palo de tres metros”. Más tarde, cuando la implicación de sus pupilos era evidente, pidió “clemencia” para los deportistas involucrados en el escándalo y atacó a los periódicos neoyorquinos por publicar apuestas en sus páginas.

Con el paso de los años se han ido descubriendo detalles de los amaños de partidos por parte de Kentucky y cómo Groza, Beard y otros compañeros aceptaron los sobornos ofrecidos. Todo se remonta a 1944, cuando Nick Englisis llegó a la universidad para formar parte de su equipo de fútbol americano junto a otros cinco jugadores de instituto de Nueva York. Tras dos años sin demasiados minutos, Englisis fue descartado por el nuevo entrenador, Paul Bryant. Debido a su fracaso en el mundo del deporte, se unió junto a su hermano Tony a una red de apuestas y manipulación de partidos de su nativo barrio de Brooklyn.

Nick conoció a los miembros del equipo de baloncesto de Kentucky en 1945, cuando todavía formaba parte del conjunto de football. Entabló amistad con algunos, entre ellos Groza y Beard. De hecho, llegó a sentarse al final del banquillo en algún encuentro. Cuando la confianza ya era plena, no le costó demasiado convencer a sus amigos para que formaran parte del entramado. Primero persuadió a Alex Groza. Beard y Dale Barnstable accedieron poco después. En un principio, y según declaraciones de Barnstable años después, Englisis les pagaba entre 15 y 20 dólares a cada uno por ganar por una cantidad de puntos mayor a la marcada por las predicciones. Es decir, ganaban dinero por jugar mejor de lo esperado. Llevaron a cabo esta práctica por primera vez en un partido ante St. John’s el 18 de diciembre de 1948. Lo hicieron hasta en ocho duelos más.

Varios miembros del equipo campeón de 1949 estuvieron implicados en el amaño de varios partidos.
kentucky.com

 

Una vez llegados a ese punto, no fue complicado convencerlos para actuar de otra forma. El ex jugador de fútbol americano aseguró que les pagaría más si, tras llegar a superar la diferencia de puntos predicha, se dejaban llevar y caían por debajo de esa cifra. Tal y como dijo Barnstable, ahí estaba “el dinero de verdad”. Lo hicieron por primera vez el 18 de febrero de 1949 ante Tennessee y lo repitieron en los cuartos de final del NIT (National Invitation Tournament) de aquel mismo año. Sin embargo, en este último partido se les fue de las manos y Loyola acabó derrotándolos por 67-56. Este encuentro celebrado el 14 de marzo acabó siendo la mayor prueba de implicación de los tres miembros de Kentucky en los amaños. En total, cada jugador ganó aproximadamente 2000 dólares.

Una vez conocemos la historia –la relacionada con nuestro(s) protagonista(s), por supuesto-, es hora de volver al Chicago Stadium y al 20 de octubre de 1951. El partido terminó con una victoria ajustada de los Rochester Royals ante los All-Stars de la NCAA por 76 a 70. A la salida del estadio, la policía detuvo a Alex Groza y Ralph Beard bajó el cargo de amaño de partidos universitarios. Dale Barnstable corrió la misma suerte horas después en Louisville, donde entrenaba al Manual High School. El estado de Kentucky se vio muy impactado por esta noticia, pues la universidad había ganado tres de los últimos cuatro títulos de la NCAA. Y la imagen de los Wildcats, por supuesto, se vio muy afectada.

El juez que llevó el caso, Saul S. Streit, calificó el football y el baloncesto universitario como un “gran negocio sórdido” y puso como ejemplo de universidades que enfatizaban demasiado en estos deportes a Maryland, Oklahoma, Texas, Texas A&M, Southern Methodist, Pennsylvania, Tennessee y Kentucky. Finalmente, y tras la negativa de algunos jugadores inocentes de los Widcats a ser interrogados, Streit puso a Groza, Beard y Barnstable en libertad condicional y les prohibió la práctica profesional de cualquier deporte durante tres años. El entonces comisionado de la NBA, Maurice Podoloff, los vetó de la liga de por vida. Además, los obligó a vender sus partes de los Indianapolis Olympians. Los sueños de los tres jóvenes se arrancaron en pedazos y empezó así una pesadilla que arrastraron hasta el día de su muerte.

La universidad de Kentucky también sufrió las consecuencias del escándalo. Debido a la implicación de sus jugadores y al pago ilegal del centro durante algunos años a ciertos miembros, la NCAA decidió suspenderla durante la temporada 1952-53. Adolph Rupp, que también recibió ataques por una supuesta implicación en los amaños que nunca se demostró, se sintió traicionado por sus pupilos. De hecho, se dice que no dirigió la palabra a ninguno de los partícipes en la trama durante 20 años. Hubo rumores acerca de una posible retirada en aquel momento, pero las negó completamente: “No me voy a retirar hasta que el hombre que dijo que Kentucky no podía jugar en la NCAA me entregue el trofeo de campeón nacional”. Cumplió su promesa en 1958 y se retiró en 1972 tras 41 cursos al frente del equipo. Falleció cinco años después de su retirada.

Tras su suspensión, Alex Groza volvió a Kentucky, concretamente a Louisville. Encontró empleo en General Electric, donde trabajó durante casi cinco años. En 1956 regresó a su localidad natal, Martins Ferry, para dirigir la taberna de su madre. Tres años después, le llegó la oportunidad de volver a vincularse al baloncesto de la mano de la universidad de Bellarmine. Esta vez no sería en la cancha, sino dando órdenes desde el banquillo. Al fin y al cabo, seguía siendo baloncesto. Allí ganó el primer título de la KIAC (Kentucky Intercollegiate Athletic Conference) de toda la historia del centro en 1963. Además, fue premiado en una ocasión como el entrenador del año de la conferencia. En 1966 abandonó el equipo y lo que para él fue “el comienzo de una nueva vida”.

Durante un tiempo, estuvo compaginando un trabajo industrial con el de scout de los Oakland Oaks de la ABA. Más tarde volvió a dedicarse al baloncesto a tiempo completo, ocupando varios cargos en los Kentucky Colonels, donde llegó a entrenar dos partidos. En 1972 empezó a trabajar como General Manager de los San Diego Conquistadors, a los que entrenó en 38 partidos (15-23) en la temporada 1974-75. Cuando la franquicia desapareció, se quedó en San Diego para ejercer de General Manager de un equipo profesional de voleibol durante un año. En 1977 dejó definitivamente el deporte para unirse a la compañía Reynolds Metals, para la que trabajó como gerente de ventas hasta el día de su muerte. Falleció el 21 de enero de 1995, víctima de un cáncer de pulmón, a sus 68 años.

Groza, Beard y Barnstable no volvieron a jugar profesionalmente a baloncesto.
bigbluehistory.net

 

Ralph Beard no volvió a jugar nunca más a baloncesto, pese a que aquel deporte era “por lo que vivía”, tal y como contó en una entrevista en 2002. Intentó formar parte de una liga menor de béisbol, pero un juez lo amenazó con meterlo en la cárcel. Nunca volvió a trabajar en algo relacionado con el deporte, aunque siguió manteniendo una buena relación con Kentucky, que lo incluyó en su Hall of Fame en 1985, 20 años antes de que lo hicieran con Groza. En los años 90’, y gracias a su buena relación con el entonces director deportivo de la universidad, el centro homenajeó a los famosos Fab Five. En ese acto, Beard condenó cualquier tipo de amaño de partidos, mostrándose notablemente arrepentido de lo que sus compañeros y él hicieron.

Pese al arrepentimiento, siempre defendió una teoría conspiratoria con respecto al escándalo y a su expulsión de la NBA. Estaba convencido de que Frank Hogan, fiscal del distrito de Nueva York, había negociado un acuerdo con Maurice Podoloff y con el cardenal de la localidad neoyorquina Francis Spellman. Según Beard, el objetivo de éste era salvar a las estrellas de las grandes universidades católicas de un posible veto de la NBA, ya que habían sido –siempre según la teoría de Beard- los chivos expiatorios. El que fue, según muchos, el mejor escolta de su generación, falleció el 29 de noviembre de 2007 en Louisville a sus 79 años.

El otro jugador que formó parte de la red de amaños, Dale Barnstable, perdió tras su detención el trabajo como entrenador en el instituto Manual de Louisville. Encontró un empleo en la misma ciudad como vendedor en la compañía American Air Filter. Lo mantuvo hasta su jubilación. Además, se convirtió en un gran jugador de golf amateur. Ganó en dos ocasiones el Kentucky Senior Open y fue el primer no profesional del estado en participar en el British Senior Open. Al igual que Ralph Beard, murió en su querida Louisville. Se despidió el 26 de enero de 2019 a sus 93 años.

Dos títulos de la NCAA, un oro olímpico, una participación en el All-Star Game y un error que les costó su carrera deportiva. Este es el palmarés que comparten Alex Groza y Ralph Beard, dos talentos destinados a dominar la década de los 50’ en la NBA. A brindarnos más batallas con Mikan y regalarnos algún enfrentamiento con Bob Petit o Bob Cousy. Incluso, por qué no, podríamos tener valiosos documentos de duelos entre un veterano Groza y un joven Bill Russell. Sin embargo, y muy a nuestro pesar, el juego, la manipulación y la inmadurez nos arrebataron legados que podrían haber brillado con luz propia en las más grandes páginas de la historia de la liga. Igual que ellos se arrebataron, a cambio de 15 ó 20 dulces dólares –que acabaron siendo, desgraciadamente, muy amargos-, gran parte de su propia felicidad.

 

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