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Luis Aragonés: su legado de Hortaleza reaviva la ilusión de España contra Francia

julio 30, 2026

Luis Aragonés, el sabio de Hortaleza o el hombre que enseñó a España que todo es posible, también ganar a Francia

Hace relativamente poco, la selección española era vista como un equipo con talento pero sin alma ganadora en las grandes citas; una transformación de mentalidad cambió esa percepción y dio paso a una etapa de éxitos que aún marca al fútbol nacional. Lo que está en juego hoy —y la razón por la que millones miran el reloj— no es solo un pase a otra final, sino la confirmación de que aquella revolución sigue vigente.

Durante décadas, Francia representó para España un obstáculo recurrente: un rival potente que aparecía en los momentos decisivos y que solía frenar las ilusiones españolas. La final de la Eurocopa de 1984, con el libre directo de Michel Platini y la victoria gala, dejó una huella difícil de borrar; más tarde, cruces en Mundiales y torneos continentales siguieron alimentando esa sensación de dificultad frente a los Bleus.

El partido que marcó un punto de inflexión emocional fue el choque de octavos del Mundial de 2006 en Alemania. España llegó con esperanza y juventud, pero se topó con una Francia veterana y liderada por Zinedine Zidane. Tras adelantarse en el marcador, la Roja vio cómo el rival le dio la vuelta en los minutos finales y dejó otra eliminación amarga. Para el seleccionador de entonces, sin embargo, aquella derrota fue más una lección que un castigo: había que reformular la cabeza del equipo, no solo su plantilla.

Luis Aragonés asumió ese reto con decisiones polémicas —la más comentada, apartar a Raúl González de la Eurocopa de 2008— y con una idea clara: priorizar el grupo sobre las individualidades. No se trató de negar méritos personales, sino de configurar un bloque con una sola misión: competir y ganar sin complejos.

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El relevo generacional que dio Aragonés apuntaló un estilo: posesión, paciencia, control del espacio y confianza. Jugadores como Xavi, Iniesta, David Silva, Cesc Fàbregas, Marcos Senna, Fernando Torres e Iker Casillas encarnaron esa filosofía y la transformaron en resultados concretos.

  • 2006 (Mundial): Derrota ante Francia que evidenció la necesidad de un cambio de enfoque.
  • 2008 (Eurocopa): Triunfo que coronó la nueva mentalidad y liberó a la selección de viejos fantasmas.
  • 2010 (Mundial): Consolidación del proyecto: España ganó su primer Mundial manteniendo la identidad impulsada por Aragonés.
  • Encuentros recientes: En los últimos años España ha logrado resultados frente a Francia que invierten la tendencia histórica y alimentan la confianza en duelos clave.

La Eurocopa de 2008 fue la materialización de ese proceso: un equipo que dejó atrás jerarquías, asumió responsabilidades colectivas y ganó partidos clave con figuras que supieron combinar talento y compromiso. El gol de Fernando Torres en la final fue la rúbrica de una transformación que se había gestado mucho antes, sobre todo en la cabeza de los jugadores y en la convicción táctica del cuerpo técnico.

El legado no se quedó en un trofeo: la idea de dominar a través del balón y de no otorgar superioridad automática al rival continuó bajo la dirección de Vicente del Bosque y se convirtió en un sello de identidad. Los grandes encuentros empezaron a ganarse mucho antes del pitido inicial: en la preparación, en la actitud y en la seguridad colectiva.

Hoy, España vuelve a medir fuerzas con Francia en una eliminatoria que tiene histórico peso. Más allá del resultado inmediato, el duelo plantea preguntas sobre continuidad: ¿sigue viva la mentalidad que rompió viejos tabúes? ¿Pueden las nuevas generaciones sostener la ambición de los precedentes? Para la afición, la respuesta se sabrá en el césped, pero el efecto de aquellas decisiones tácticas y psicológicas sigue siendo evidente.

Antes de saltar al campo, conviene recordar lo esencial que impulsó aquel cambio:

  • Prioridad al colectivo sobre los nombres propios.
  • Confianza en un estilo asociativo como herramienta para dominar rivales potentes.
  • Relevo generacional gestionado con criterio técnico y psicológico.

En el vestuario, la consigna de entonces era clara: jugar con arrojo y disfrutar. Esa mezcla de orgullo, convicción táctica y cohesión de grupo fue la que convirtió a España en un equipo que ya no se asusta ante las grandes selecciones. Pase lo que pase en el partido, la lección de aquellos años sigue siendo relevante: las transformaciones profundas comienzan por la mentalidad.

Si hoy los jugadores siguen ese legado, saldrán a competir sin complejos —y quizá a divertirse— como les pidió su antiguo entrenador. Esa actitud fue el primer paso para una racha de triunfos que cambió la historia del fútbol español.

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