Alexander Zverev se coronó en el US Open y, en un gesto casi cinematográfico, tardó varios segundos en comprender que había ganado. El triunfo no solo cierra una final intensa en Flushing Meadows: confirma a Zverev como protagonista de la temporada y cambia la conversación sobre su legado en 2026.
El momento final fue extraño y revelador: tras el remate final de Ben Shelton que salió largo, Zverev ganó el punto pero se quedó en la pista como si el partido continuara, encaminándose a su sitio para sacar. Solo unos instantes después reparó en que no había más juegos por disputar y que, por primera vez, era campeón del US Open.
Cómo se decantó la final
La final duró tres horas y 33 minutos y estuvo mayoritariamente dominada por Zverev. El marcador reflejó la autoridad del alemán en los momentos clave: 6-3, 7-6(2), 5-7 y 6-2. Shelton logró arañar un set y puso en aprietos la segunda manga, pero no pudo sostener la reacción en la manga definitiva.

Además del resultado, la derrota de Shelton frustra el intento de Estados Unidos por recuperar un título masculino en Nueva York que no logra desde Andy Roddick en 2003.
De la dolorosa semifinal perdida en 2020 a dos grandes en 2026
La victoria llega con una carga histórica. Zverev ya había sufrido en Flushing Meadows: en 2020 dejó escapar una final ante Dominic Thiem después de ir dos sets arriba y disponer de bola de partido en el tercero, un revés que marcó su carrera.

Este año, sin embargo, se ha resarcido: primero ganó Roland Garros y ahora suma el US Open, completando una temporada en la que ha sido constante en los cuatro grandes.
- Duración del partido: 3h33m.
- Puntuación final: 6-3, 7-6(2), 5-7, 6-2.
- Logro: Primer US Open para Zverev; segundo Grand Slam de 2026.
- Rendimiento anual: semifinalista en los cuatro majors y finalista en tres.
La regularidad que ha mostrado —semifinales en todos los grandes y presencia constante en finales— coloca su campaña entre las más completas del año y le da un peso nuevo frente a rivales de la misma generación.
Un hueco en el cuadro que aprovechó
El cuadro de Flushing Meadows ofreció oportunidades: Jannik Sinner no compitió en el evento y Carlos Alcaraz fue eliminado en cuartos por Shelton. Esos resultados abrieron la ruta para que Zverev, que partía como uno de los favoritos en la fase decisiva, consolidara su candidatura al título.
Shelton llegó con impulso y obligó a Zverev a pelear hasta el final, pero el alemán supo contener la reacción y cerrar con solvencia en el cuarto set.
En términos generacionales, el torneo ha servido para que Zverev se sitúe como el jugador nacido en los 1990s con más Grand Slams (dos), por delante de Dominic Thiem y Daniil Medvedev, que mantienen uno cada uno.
Eso no iguala la carrera de figuras como Roger Federer, Rafael Nadal o Novak Djokovic, ni borra el protagonismo de Alcaraz y Sinner, pero sí transforma la narrativa sobre Zverev: de eterno perseguidor a miembro reconocible de la élite contemporánea.
Qué significa este título
En lo inmediato, el trofeo refuerza su posición en el ránking y le da un respaldo tangible para las grandes citas próximas. A medio y largo plazo, altera el relato sobre su carrera: ya no es solo el jugador con talento que nunca cerró; ahora demuestra capacidad para ganar y mantener un nivel alto en los cuatro majors.
El golpe emocional del final, con la celebración demorada, añadió un matiz humano a la gesta: tras años de espera y revés, Zverev vio cómo un punto cambió su historia y solo entonces comprendió que el objetivo estaba cumplido.
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Periodista apasionado por el ciclismo, con años de cobertura de las grandes vueltas. Sus análisis tácticos y narraciones inmersivas transportan al lector al corazón de la competición.
