Urgencia y levedad en Doug Moe

Urgencia y levedad en Doug Moe

01/06/2020 0

Si un extraterrestre llegara a la tierra en 2013 y se dedicara a ver baloncesto hasta el día de hoy sería incapaz de creer lo que seguidamente voy a decir. Y es que, por más asombro que pueda despertar, el beautiful game de los Spurs de Popovich y lo que podríamos denominar como awful game o, siendo menos hirientes, boring game de los Rockets de D’Antoni tienen el mismo origen. Y, como habréis podido adivinar por el título del artículo, ese origen son los Nuggets de la década de los 80, comandados por el liberal (en términos estrictamente baloncestísticos) Doug Moe.

Antes de meternos de lleno con el sistema, o ausencia de este, planteado por Moe, hay que mostrar qué llevó a su invención. Moe, como todo superhéroe, tiene unos orígenes. En este caso se remontan a Brooklyn, concretamente al parque Foster, en el vecindario de Flatbush, donde Moe encestaba sin parar en duelos de uno contra uno que lo dejaban exhausto al final del día. Aquel asfalto en el que ganaba la mayor voluntad de anotar por encima del rival forjó los ideales baloncestísticos de aquel joven.

De las rejas y los tableros metálicos de Brooklyn pasó al parqué y el metacrilato en la Universidad de North Carolina, donde el destino le hizo coincidir con Dean Smith, primero asistente y en el último año universitario ya entrenador principal de los Cougars. Dean Smith empleaba un estilo de juego denominado run and jump (¿no os suena familiar?), basado en una incesante presión defensiva individual y un ritmo de juego alto. La defensa era imprevisible, los dos contra uno se realizaban en base al criterio del jugador conforme a unas reglas establecidas, lo cual complicaba la lectura por parte de los atacantes. Tanto Dean como su estilo influenciaron el pensamiento de Moe, al que le encantaba esa noción de libertad a la hora de desarrollar el juego.

Justo antes de acabar su periplo universitario, nuestro superhéroe, como todos los demás, sufrió un contratiempo que pudo haber truncado su carrera. Un escándalo de amaños alcanzó a Moe. Aaron Wagman, un habitual de las apuestas, le ofreció dinero a cambio de que perdiera algunos partidos. Ante la negativa de Moe, Wagman le ofreció 75 dólares por las molestias, algo que Doug no denunció, lo que le valió la prohibición de jugar en la NBA, así como la suspensión por parte de la universidad y, por consiguiente, el fin de su periplo con los Cougars. Roger Brown o Connie Hawkins estuvieron involucrados también en aquella trama.

Tras esto, Moe decidió terminar su carrera universitaria para poder marchar a jugar al extranjero, ya que sin el baloncesto su vida era un sinsentido. Su destino fue Padua, dónde el Pallacanestro Petrarca Padova, disfrutaría durante dos temporadas del desbocado juego del alero neoyorquino. Ya en 1968 surgiría la oportunidad de volver a jugar al baloncesto en su país natal, gracias al nacimiento de la ABA, liga alternativa a la NBA. Su firma con los Bucaneers de New Orleans llegaría de la mano de la de Larry Brown, futuro hall of famer de los banquillos, con quien había compartido equipo y vivencias en sus años en North Carolina.

En aquella ABA Doug se sentía por fin como un potro liberado. La liga apostaba por un juego rápido y espectacular, algo que a Moe le venía como anillo al dedo. Según contaba Steve Jones en el libro Loose Balls, Moe solía dirigirse a Brown tras las charlas de McCarthy, el técnico de aquellos Bucaneers, para decirle: “olvida toda esa mierda, tú procura que a mí me llegue el balón y yo lo meteré en el aro”. El ataque de Moe escapaba a todo esquema o intento de racionalización. Moe llevaba esa idiosincrasia casi caótica hasta puntos insospechados. Si estaba teniendo una mala noche en el tiro con su mano derecha, cambiaba sin parpadear y empezaba a tirar con la izquierda.

A pesar de su condición de all-star en la liga, sus rodillas no aguantaron el peso del descontrol y acabaron por forzar su retirada en 1972, tras merodear por varias franquicias ABA. Pero Doug sentía la necesidad de aportar al baloncesto algo más. La prohibición de jugar en la NBA y sus rodillas le habían impedido hacerlo como jugador, por lo que si quería aportar como entrenador iba a tener que hacerlo mejor.

Aun así, no asumió grandes riesgos, fue conservador (como pocas veces lo sería) y decidió acompañar a su inseparable Larry Brown. Brown había sido elegido como entrenador de los Carolina Cougars y no dudó en ofrecer a su fiel amigo el puesto de asistente. Juntos llevarían a los Cougars a sus dos únicos récords positivos en su corta existencia.

Pero ambos parecían destinados a alcanzar metas mayores. Destino que pareció cumplirse cuando Carl Scheer ofreció a Brown, y por consiguiente a Moe, hacerse cargo del banquillo de los Nuggets, con quienes alcanzarían cotas más altas. En una ABA que experimentaba sus últimos estertores previos a la unión con la NBA, aquellos Nuggets alcanzaron unas Finales, que perderían contra el imparable Erving y sus Nets, y quedarían a las puertas de otras.

Una vez unidas la ABA y la NBA con el fin de la segunda de incorporar la espectacularidad y el atractivo de la primera, además de sus estrellas, Doug Moe decidió abandonar el nido. Aceptó la oferta de unos Spurs que, al igual que los Nuggets, se incorporaban a la liga y querían dar una oportunidad al estilo laissez-faire del técnico de Brooklyn.

Los Spurs y las cuatro líneas

Los Spurs llegaban a la NBA con ganas de demostrar su valía como equipo ex ABA y hacerlo de la mano de Moe significaba hacerlo de la mano de la exuberancia ofensiva. La filosofía de Moe, en términos extremadamente reduccionistas, se resumía en la célebre máxima de que la victoria en el baloncesto reside en conseguir una mayor anotación que tu rival. Concepto simple y directo, como lo era Moe.

 

Su sistema, conocido como run and gun, era una aplicación ofensiva del anteriormente citado sistema de Smith en UNC. Estaba basado en la incesante oleada de contrataques que buscaban coger desprevenida a la defensa para encontrar más fácilmente tiros abiertos, algo que en aquella NBA previa a la línea de tres era francamente complicado.

El run and gun de Moe y el propio técnico eran tildados muchas veces de simplistas, ya que como el propio Doug explicaba en un vídeo “si coges las cuatro líneas que delimitan el campo y juegas dentro de ellas y lo pasas bien, acabarás anotando”. Aunque su sistema funcionaba: es imposible que el rival predijera unas jugadas que estaban siendo creadas en el momento de ser ejecutadas.

En Texas el planteamiento freelance del neoyorquino estaba encabezado por un voraz anotador que encontró su particular patio de juego en las cuatro líneas que Moe le delimitaba. Ese jugador era George Gervin. Su gran velocidad y habilidad para atacar el aro lo convertían en el sujeto ideal para el manifiesto a la espontaneidad de Moe. El alero se convertiría en máximo anotador de la liga durante tres temporadas consecutivas bajo la tutela del libertario Moe.

Los aleros eran precisamente las piezas claves en las contras, especialmente aquellos capaces de botar el balón con velocidad y seguridad para encarar el aro antes de que las defensas pudieran establecerse. Este prototipo era cumplido también por la otra pieza fundamental de aquellos Spurs, Larry Kenon. Kenon actuaba como power forward, aunque su desempeño en la pista distaba del 4 clásico. Ligero como una pluma, hábil con el balón, buen asistente y capaz de anotar como segunda espada. Aunque a pesar de ese aspecto frágil conseguía aportar en la faceta reboteadora del equipo, vital para iniciar el contraataque.

El equipo fue fiel a Moe y es que era muy complicado no apreciar a un entrenador que daba total libertad a sus jugadores, más aún teniendo en cuenta el pasado ABA de la mayoría de ellos, donde todo recordaba más a ese libre albedrío. Durante las 4 temporadas en las que se hizo cargo del banquillo los Spurs fueron el equipo que más corría en la liga con más de 110 posesiones por encuentro, 3 más que el segundo, y sus 38385 puntos superaban con creces al segundo equipo más anotador de la liga. Aunque el desenfrenado ritmo de sus partidos los convirtió también en el equipo que más puntos permitía al rival.

Todo era rebosante en aquellos Spurs, pero el equipo no acababa de convencer. La primera temporada fue de adaptación, apenas 44 victorias y una salida por la vía rápida en primera ronda de Playoffs. La segunda en cambio fue una sorpresa, las 52 victorias los situaron como líderes de la división Central (sí, por aquel entonces, los Spurs jugaban en la conferencia Este), quedando enfrentados en semifinales contra los Washington Bullets de Unseld, Hayes y Dandridge. A pesar de la incontinencia anotadora de Gervin, la predominancia en los tableros de Hayes hizo que los capitalinos apearan en 6 encuentros a los tejanos. Hayes acabaría siendo MVP de las Finales tras llevar a Washington al título.

En la tercera campaña los resultados en temporada regular serían ligeramente peores (48-34), aunque el equipo parecía tener más empaque y experiencia. Las semifinales les enfrentarían a unos Sixers comandados por otro vestigio de la ABA, Julius Erving, en un duelo de aleros para la historia. Los Spurs comenzarían la serie enchufados, llegando a poner un 3-1 a su favor en el marcador del enfrentamiento, pero la falta de experiencia y de determinación acabo provocando un séptimo partido. Un anónimo Dampier acabaría siendo vital para ganar la serie con una defensa crucial a Cheeks. Los Spurs avanzaban de ronda y volvían a enfrentarse a los Bullets.

Los Spurs volverían a cometer los mismos aciertos en esta serie, pero inevitablemente volverían a reincidir en sus fallos. Otra ventaja de 3-1 a favor les sería arrebatada por los vigentes campeones con dos victorias en las que Hayes volvería a ser la némesis. De nuevo un séptimo partido inesperado que parecía ir bien para los Spurs que controlaban el partido a un par de minutos para el final. Aunque esta vez el factor sorpresa vendría por parte de los Bullets, cuyo alero, Bob Dandridge, entraría en un trance anotador que llevaría la igualdad al marcador. Otra clave de la remontada fue el descenso en el ritmo que aplicaron los Sixers y que los Spurs no supieron resolver, quedando inutilizados en el ataque posicional. Un tiro de Dandridge desde la línea de fondo y un tapón de Hayes acabarían por dinamitar el sueño tejano.

 

Tras su mayor éxito como técnico hasta el momento, Doug comenzó la temporada siguiente con unos resultados mediocres, fundamentalmente debidos a una pésima defensa. Esto llevaría a su despido tras 66 encuentros en la temporada 1979-80. Moe acabaría su periplo en Texas con un balance de 177 victorias y 135 derrotas, además de haber llevado al equipo a unas finales de conferencia.

Los Nuggets y el passing game

Tras el éxito cosechado por Brown en Denver en un periplo extrañamente parecido al vivido por su colega en San Antonio, el equipo contrato a Donnie Walsh, que parecía carecer del talento para llevar al equipo a las cotas alcanzadas por Brown. Así que optarían por recuperar a Moe, esta vez para el puesto de entrenador principal.

Las finales de conferencia contra Washington le habían dejado claras cuáles eran las dos debilidades de su estilo: la defensa y el ataque estático. Conociendo a Moe, que optara por mejorar la segunda es casi una obviedad. Su odio por los sistemas, que para él encorsetaban demasiado el juego, hacia que optar por patrones establecidos una vez el juego se tuviera que desarrollar en media pista no fuera una opción.

Por suerte, el run and jump de Dean Smith también contaba con un sistema ofensivo basado en cortes rápidos y en mover el balón en vez botarlo. Moe cogió la idea y la transformó en el passing game. Este estaba basado en el continuo movimiento de balón y de jugadores, creando de esta manera tiros liberados a base de forzar a la defensa a pensar rápido. Por más simple que pueda parecer el planteamiento, el desarrollo dio muy buenos resultados, mejorando las marcas anotadoras de Moe respecto a su etapa en Spurs y siendo top 3 en offensive rating en las tres primeras campañas. (Cabe recordar que, a modo de queja por las críticas por ser el equipo que más puntos permitía, Moe sugirió que esas estadísticas deberían estar adaptadas al ritmo de juego. Por aquel entonces sonaba raro, hoy es más habitual.)

Para iniciar la serie continua de pases, cortes y bloqueos indirectos el base debía recibir un pase del jugador que atrapara el rebote o de aquel que estuviera sacando. Una vez trasladado el esférico al otro campo, el base entregaba el balón al alero, situado en un ángulo de 45º respecto a la línea de fondo, para después realizar un corte a canasta. Si el alero no encontraba línea directa para pasar al base, este volvía al perímetro por el lado contrario. A partir de ahí, los movimientos eran autónomos.

La combinación de ambos sistemas, el run and gun y el passing game, reducía en gran medida los jugadores útiles para ponerse a las órdenes de Moe. El ritmo exagerado requería jugadores con unas condiciones físicas por encima de la media. A su vez, el juego de pases y su énfasis en la lectura de juego y en la acción individual exigía una gran velocidad de pensamiento y actuación. El sistema recaía casi por completo en el buen hacer de cada una de sus partes, obligadas a trabajar en armonía como una cadena de montaje, pero una en la que cada uno va haciendo una función cada vez. Ya hemos avisado que Moe era un tipo especial.

Por suerte, Moe contaba con Alex English, un veloz alero de mecánica inalcanzable que anotaba de manera desenfrenada y que se convertiría en el paradigma del sistema de los Nuggets. Por desgracia, contaba también con Kiki Vandeweghe, un jugador que, a pesar de vivir sus mejores años en Denver, era la antítesis de aquel juego de pases rápidos. Moe, en una de sus muchas rabietas en la línea de banda, lo insultaba por no ser lo suficientemente duro, cuando no le gritaba stiff (rígido) por no querer soltarse como proponía el juego. Este apelativo que tanto amaba le valió a Moe el apodo de Big Stiff.

El quinteto durante la primera etapa (1980-1984) lo completaban T. R. Dunn, Bobby McKinney y Dan Issel, quien actuaba de tercera espada. Alex, Kiki y Dan se convertirían en el trío con mayor anotación conjunta tras la unión entre ABA y NBA, promediando 76.7 y 75.6 en las temporadas 82-83 y 83-84, respectivamente. Aún así los resultados fueron moderadamente buenos, pues solo superaron la primera ronda de playoffs en una temporada en la que fueron derrotados en 6 partidos por los Spurs de Albeck.

Quizá el hecho que mejor ejemplifica la filosofía de Moe sea el partido entre Nuggets y Pistons que tuvo lugar en diciembre de 1983. Aquel día los Pistons vencerían por dos puntos en un partido con tres prórrogas. El marcador indicaba lo siguiente: 186-184, la mayor marca de la historia de la NBA. El encuentro fue un correcalles en el que ambos equipos estuvieron muy acertados, por encima del 53% en tiros de campo (y con tan solo un triple anotado por equipo). El partido se convirtió en el epítome de la filosofía de Moe y sus Nuggets.

El traspaso que lo cambió todo

En el verano de 1984 Boryla, el nuevo GM, y Moe buscaban un cambio en el mercado. Tras una temporada bastante mala con tan solo 38 victorias y la entrada en Playoffs por los pelos, los Nuggets sabían que podían aspirar a más y que estaban a un paso de conseguirlo. Para poder conseguirlo, tantearon el mercado ofreciendo a Vandeweghe, quien, a pesar de su buen rendimiento, no gozaba de buena relación con Moe como ya hemos visto.

La intención de Boryla era cambiar a la estrella por varias piezas que dieran profundidad al sistema, pero no encontraba una oferta como la necesaria. Esto cambió cuando Portland realizó una oferta casi irrechazable. Kiki viajaría a Oregón a cambio de Fat Lever, Calvin Natt, Wayne Cooper y dos picks, uno de primera ronda y otro de segunda.

Con este paquete de jugadores, los Nuggets mejoraban claramente su punto débil, la defensa, sobre todo gracias a Fat Lever, quién era además un genial asistente. Además, Natt aportaba anotación y rebotes. Cooper, por su parte, se convertiría en referencia interior, dando descanso a Issel, ya en su última temporada.

Este traspaso sería vital para Denver. A pesar de que el equipo seguía siendo el más veloz, el más anotador y el más anotado, el defensive rating del equipo mejoró notablemente, saliendo por primera vez de los tres peores de la liga en la era Moe. Gracias a la adición de jugadores de gran habilidad defensiva individual y de gran físico, el equipo fue capaz de desarrollar una defensa más asfixiante, que propiciaba además más oportunidades de lanzar el contraataque.

Esta mejora supuso el mejor récord de los Nuggets desde su incorporación a la NBA con 52 victorias, asegurándose el primer puesto de su división. El sistema volvería a probar su buen funcionamiento, venciendo a Spurs 3-2 y a Jazz 4-1. Ambas series verían a un English enchufado en ataque, promediando 30 puntos con un 53% en tiros de campo. Los Nuggets de Moe cumplían el sueño: llegar a finales de conferencia. Aunque allí les esperaban los a la postre campeones, los Lakers del Showtime con Magic, Kareem y Worthy a las órdenes de Riley.

“No tenemos ninguna oportunidad contra los Lakers” fueron las palabras que Moe pronunciaba antes de comenzar la serie contra el conjunto angelino. Y es cierto que así fue, aunque los Nuggets lucharían contra viento y marea para evitarlo. Una lesión de rodilla impediría al amo del triple doble, Fat Lever, hacer acto de presencia en los dos primeros encuentros. Sería precisamente el segundo encuentro de la serie el que dejaría la única victoria de los Nuggets en la serie gracias a una magistral actuación de English con 40 puntos. El propio English se rompería el dedo en el 4º partido perdiéndose la mitad del encuentro y lo que restaba de serie. El 5º y último partido sería una escabechina para los de Colorado, sobre cuyas cabezas lucía un espantoso 109-153.

 

Las siguientes campañas verían una progresiva reducción del ritmo del sistema, aunque con una mejora defensiva. Las dos temporadas posteriores fueron más flojas en temporada regular con 47 y 37 victorias, aunque en Playoffs tendrían la mala suerte de toparse ambas veces con futuros finalistas. En 1986 perderían contra los Rockets en semis y en el 87 contra los Lakers en primera ronda. Aunque no todo eran malas noticias, los Nuggets incorporaban al pívot Blair Rasmussen, sustituto de Cooper y vital en la buena temporada que llevarían a cabo en 1988.

Dicha temporada vería a los Nuggets alcanzar su mejor récord en la NBA hasta la fecha (posteriormente superado por el equipo liderado por George Karl en 2013) con 54 victorias. Además le valdría a Moe su único reconocimiento como mejor entrenador de la temporada. Tras derrotar a los Sonics en primera ronda de aquellos Playoffs todo parecía apuntar a que los Nuggets querían optar otra vez a disputar las finales de conferencia, pero unos Mavericks cuya grandeza ha caído en el olvido fueron los responsables de apearlos en 6 partidos.

Tras aquel último destello, los Nuggets volverían a caer por debajo de las 45 victorias las siguientes campañas y no volverían a saborear la victoria en un encuentro de postemporada hasta el famoso upset contra Seattle en 1994, ya con Moe lejos de los banquillos. Sería la temporada 1989-90 la que daría cierre a aquel sueño de la ciudad de Denver de ocupar un hueco entre los grandes. Moe, Lever y English abandonarían la franquicia, cuyo récord caería drásticamente la próxima campaña.

Moe tendría una breve recaída en 1993 en Philadelphia, cuando aquellos placeres de antaño le volvieron a seducir. Pero el resultado disto mucho de ser el esperado y no llegó a acabar la temporada. El baloncesto se ralentizaba y las defensas eran más duras, Moe perdía su hueco en la liga. Hubo que esperar a la llegada de uno de los fieles seguidores al banquillo de sus amados Nuggets para poder volver a verle sentado en la banda. Moe se uniría a George Karl durante 3 temporadas como asistente para pulir la ofensiva.

El legado que nunca quiso

Moe siempre fue reacio a las loas hacia su juego, pero es innegable su influencia en el actual juego de ritmo rápido, transiciones meteóricas y lanzamientos a discreción. La NBA ha tomado de vuelta los principios de su run and gun, transformado por D’Antoni en su seven seconds or les. Igualmente, el anillo de los Spurs de 2014 fue un claro ejemplo de un juego de pases superlativo que siempre buscaba una mejor opción. Es cierto que era un entramado ofensivo más complejo y mucho más planificado, pero las nociones básicas de desmarque y movimiento de balón para descolocar a la defensa estaban ahí.

Hace un par de años, Moe fue galardonado con el premio Chuck Daly a los logros de toda una carrera. Y es que, a pesar de las diferencias claras entre la NBA ochentera y la actual, es imposible no reconocer a Doug como un pionero del pace and space que inunda la liga. Hace apenas dos meses en The Athletic recuperaban una serie de partidos en los que Moe y Michael Adams se adelantaron más de 20 años a la fiebre triplista actual.

Su juego, más liberal y con menos dosis de pick and roll que el actual supuso, sin intención alguna por parte de Moe, un sistema anacrónico e influyente en buena parte del juego de las siguientes décadas. Otros entrenadores, fundamentalmente Karl y D’Antoni, mantendrían su legado y lo trasladarían a la NBA actual, volviendo a poner la influencia de Moe sobre la mesa.

Aunque quizá esto sea darle a Moe más importancia de la que el mismo se daba a sí mismo o a su sistema. Moe siempre fue una especie de iconoclasta, destructor del mito del entrenador como ente controlador y omnisciente. Aplicaba la lógica más simple posible a los problemas en un mundo donde sus colegas de profesión complicaban mucho más las cosas. Podemos considerarlo una especie de antítesis de Phil Jackson y su triángulo ofensivo, donde todo estaba planeado al milímetro y nada podía salirse del plan (nada que no se llamara Michael Jordan).

Al final solo cabe disfrutar a The Big Stiff como lo que fue, un entrenador divertido tanto dentro como fuera de la cancha. Un tipo sin aires de grandeza, desenfadado e irónico. Un tipo que desafiaba al status quo hasta con su vestimenta, más parecida a la de un bailarín disco setentero que al común aspecto trajeado de entrenadores como Riley. Un entrenador que influyó a una NBA que rompe fronteras y que se ha convertido en un producto masivo a nivel global simplemente diciéndoles a sus jugadores que hicieran lo que les saliera de los c******.

 

#EntraEnLaZona

Fernando Casares
Redactor de WNBA y NBA.
Deja una respuesta

Your email address will not be published.

Translate