Miye Oni: la búsqueda de la identidad perdida

Todo lo que rodea el viaje baloncestístico de Miye Oni desafía frontalmente el convencionalismo. Y no solo porque este producto de la Universidad de Yale se haya convertido recientemente en el primer jugador procedente de la Ivy League en ser seleccionado en el Draft desde Jerome Allen por los Celtics en 1995.

Para entender su travesía es necesario retroceder varios años en el tiempo.

Oni no fue capaz de lograr un sitio en el roster del Viewpont High School hasta su temporada junior, después de dos años luchando por tal privilegio en el varsity team –equipo de refuerzo, quizá comparable a la G-League en la NBA-.

Dos largos y duros años repletos de batallas ante compañeros y rivales que, por fin, parecían abrirles las puertas, quizá y con el tiempo, del baloncesto profesional. Sin embargo, nada más alcanzar un puesto a las órdenes del coach J.J. Prince, una grave lesión de rodilla le devolvió al borde del precipicio.

Debido a su lesión acometió su año senior sin ninguna referencia en vídeo con la que poder captar las ansiosas miradas de los scouts de las numerosas universidades que componen la geografía norteamericana. Era, a vista de todos, un auténtico desconocido. Era sabedor de su potencial, pero sin una referencia que compartir era poco más que un número inservible.

“Tenía estadísticas y los resultados de las pruebas, pero no tenía ningún vídeo que mostrar”, relataba el jugador durante una entrevista realizada a finales de 2018.

Al comenzar su temporada senior, Oni, rozando el desánimo y la desesperanza, comprendió que debía comenzar de nuevo. Desde abajo, a solo un palmo del fondo del pozo. Así, envió cerca de 50 correos electrónicos a distintos centros universitarios de la NCAA III que pudieran satisfacer sus dos grandes prioridades: un alto nivel académico y un equipo de baloncesto competitivo.

Aún optando por la tercera división universitaria estatal, Oni volvió a recibir negativas, una tras otra. “Revisamos tu petición pero tenemos jugadores a la vista que son mejores que tú”, fue la respuesta recibida desde un centro de Nueva York.

Nadie estaba interesado. “La mayoría de ellos me decían lo mismo: “No, tenemos otros nombres en mente”, explicaba Miye.

Oni incluso asistió a los Elite Camps de Stanford, Cornell y Penn. Su preferencia entre todos ellos era Cornell, centro por el que ya había pasado su hermana Oluwatoniloba. La misiva, sin embargo, seguía siendo la misma. Los entrenadores no estaban convencidos de las habilidades de aquel espigado chaval y ninguna otra de las escuelas a las que asistió le dio la más mínima oportunidad.

Mientras tanto, Kevin App, quien había asumido el puesto de entrenador jefe en la Williams College de la NCAA III pocos meses antes tras servir como asistente en West Point, leyó el informe que cayó en sus manos encabezado por aquellas dos palabras: Miye Oni. App, quien tampoco tenía conocimiento alguno de aquel chico de origen nigeriano, realizó una llamada a Jimmy Allen, su jefe en West Point, para ver si sabía algo al respecto. La respuesta fue escueta y concisa: “No jugó mucho pero tiene potencial”. Para Kevin fue suficiente.

Después de crecer casi veinte centímetros durante su etapa en el instituto, Oni se comprometió con la Williams College, afincada en Massachussets, sin que App lo hubiera visto jugar en directo ni tan solo una vez.

Pero, de nuevo, no iba a ser nada fácil efectuar la matrícula. Los centros educativos pertenecientes a la División III no pueden ofrecer becas y Oni y su familia comprendieron que iban a necesitar más ayuda financiera de la que el Williams College podía ofrecer.

La matrícula ascendía hasta los 60.000 dólares y el trabajo como profesor en la Universidad de Phoenix de su padre, Oludotun, no era suficiente para costearlo. “Mi familia literalmente no podía esa cantidad.”

Mientras buscaban una vía alternativa mediante la cual solventar el problema, Oni decidió cumplir su año senior en el instituto y permanecer comprometido con Williams College a la espera de novedades.

Cuando el futuro comenzaba a ensombrecerse, un, a priori, rutinario partido celebrado a finales de diciembre de 2014 cambiaría por completo el panorama. Matt Kingsley, asistente en la Universidad de Yale, se presentó en pleno encuentro con el fin de observar a Christian Juzang. Sin embargo, fue un compañero del escolta el que terminó captando su atención. “¿Quién es ese chico?”, se preguntó a sí mismo el coach tras ver a Oni en acción.

Kingsley abandonó el partido con su nombre rondado la cabeza y meses después recibiría un vídeo del mismo procedente de su entrenador, Robert Icart, en el programa BTI AAU. Este llegaría a manos de James Jones, entrenador jefe de los Bulldogs, quien quedó gratamente sorprendido. Quería a ese chico. “Es la primera vez que ofrezco un sitio en mi equipo a un jugador simplemente viendo una cinta. Pero tras verla me pareció absolutamente obvio hacerlo”, relataría el técnico.

Tras una visita no oficial en mayo de 2015 junto a toda su familia, Miye Oni aceptaría sin preámbulos la oferta de Yale. Otros centros de la Ivy League, entre ellos, Brown, Dartmouth y Cornell también mostrarían interés tras recibir la misma cinta, pero el de Northridge ya había decidido cuál sería su destino.

Aún así, debido a que las admisiones en Yale ya estaban cerradas, Oni tendría que esperar un año más para poder debutar con los Bulldogs. Como medida temporal, Kingsley se ofreció a buscar una escuela preparatoria para ir fogueando al joven mientras tanto. Así, terminaría recalando en Suffield Academy, donde su nombró comenzó a copar titulares a escala nacional.

 

En julio, Oni lideró a su equipo al campeonato del prestigioso Fab 48 en Las Vegas. Por el camino se deshicieron de, a posteriori, jugadores NBA como Thon Maker, Justin Jackson, Terrance Ferguson y Billy Preston antes de caer en la final por el título ante los 1Nation Elite de Josh Jackson. “Si me he podido enfrentar a ellos, ¿por qué no iba a tener un hueco en la NBA?”, se repetía a sí mismo a modo de eslogan motivacional.

Ese mismo verano, otras universidades –entre ellas Alabama, South Carolina y St. Mary- intentaron ‘robar’ a James Jones su tan preciada joya, pero la decisión de Oni era inamovible. Yale era la única universidad de la División I que había confiado en él en primera instancia y su objetivo ahora era el de crecer como jugador y devolver la oportunidad recibida.

Tres años después –y con el premio al MVP de la Ivy League bajo el brazo- era seleccionado en la 58ª posición del Draft de 2019 por los Utah Jazz. Ahora sí, todo el mundo conoce a Olumiye Oni.