El último soldado raso

Es oficial: TJ McConnell jugará en Indiana Pacers las próximas dos temporadas a razón de siete millones de dólares. Adrian Wojnarowski daba la noticia que tantos fans de Philadelphia temíamos conocer, aún sabiendo que era inevitable. Con Shake Milton y Raul Neto ocupando los puestos de bases suplentes, TJ no tenía sitio. Con la salida del base de Pittsburgh, los Sixers terminan de cerrar la etapa del Proceso, dejando marchar al último de los tantos y tantos jugadores, que pasaron por el Wells Fargo Center durante esta etapa para intentar abrirse un camino en la NBA.

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La trayectoria de McConnell

McConnell se presentó al draft del año 2015 tras completar su ciclo universitario al completo, y aun no siendo elegido, consiguió un hueco en el equipo de su estado, los Philadelphia 76ers. En su primera temporada (2015-2016) se ganó por derecho propio pertenecer a la plantilla, siendo importante desde el principio en la rotación ‘Sixer’. Llegó a ser titular en varios encuentros, y siempre dispuso de toda la confianza de Brett Brown, quien no ha dudado nunca en alabarlo públicamente. Junto con Ish Smith, seguramente formase esa temporada la pareja de bases más amados por la afición en los últimos años por su carisma. Se asentó en la franquicia, para sorpresa de absolutamente nadie, y a pesar de tener un contrato no garantizado (y conocemos el historial de los no garantizados en Philadelphia durante los años de proceso), no fue cortado en ningún momento. En la peor temporada de la historia de la franquicia (recordemos, 10 victorias y 72 derrotas), hubo pocos brotes verdes, muy pocos. Y el mayor, sin discusión, era McConnell.

Llegó la segunda temporada (2016-2017), y cuando muchos pensábamos que Sergio Rodríguez sería el base titular sin discusión, le arrebató el puesto. TJ cuajó aquí su mejor temporada como Sixer: sexto y octavo en las listas de asistencias y robos totales en la NBA, siendo todo el año la voz de Brett Brown en la cancha, y un buzzer beater contra los New York Knicks que no se le irá de la retina a ningún aficionado de Phila que haya seguido el proceso:

 

Se consolidó, junto con Robert Covington (siempre en nuestros corazones), como uno de los grandes baluartes del Proceso. No hizo barbaridades en cuanto a puntos se refiere, ni solía salir en los top 10, pero demostró ser exactamente lo que se le pedía: la representación de la mente de Brown en el campo, y el organizador del juego de su equipo. Un jugador inteligente, que a pesar de su limitadísimo físico, aportaba la garra, la intensidad, y las ganas de jugar en este equipo y por estos aficionados. Y esto último, en los días que estamos hablando, brillaba por su ausencia. La camiseta con el apodo que le habían puesto algunos aficionados, “White Iverson”, que le regaló la propia franquicia esta temporada, hablaba de la importancia que había cogido el chico.

Llegó la temporada 2017-2018, y con ella la recuperación de un jovencito llamado Ben Simmons, que venía con ganas de comerse el mundo tras haberse pasado la primera temporada lesionado. TJ se veía relegado al papel de segundo base, y desde ahí, siguió dándole muchísimo a su equipo, a pesar de ver sus minutos y su importancia en pista reducidos. Fue uno de los líderes del vestuario, uno de esos “glue guys” esenciales en cualquier equipo que quiera mantener un mínimo de cohesión. Y no sólo eso, en pista no bajó su aportación, consiguiendo incluso su primer triple doble en la NBA.

 

En Playoffs, empezó jugando poco (su presencia fue prácticamente testimonial en la serie contra Miami), pero contra Boston volvió a ser fundamental, llegando a jugar como titular los últimos dos encuentros en lugar de Robert Covington. Como curiosidad, su estadística de +/- fue positiva en cuatro de los cinco partidos de la serie, llegando a anotar 19 puntos con ocho rebotes y cinco asistencias en el cuarto partido (la única victoria para los de Pennsylvania en esta serie). Una vez más, dejaba claro que la temporada siguiente iban a necesitar de él.

 

Sin embargo, ha sido esta temporada 2018-2019 la del declive de McConnell en Philadelphia. Volvió a bajar sus minutos, hasta el nivel de tener que ver desde el banquillo más de un partido entero. Una situación dura para un jugador acostumbrado a jugar minutos importantes, no los de la basura. Pero hace falta mucho más para tumbar a un jugador como TJ McConnell. Desde su nuevo papel, dio muchísimo al equipo una vez más desde dentro, integrando a Jimmy Butler, con quien hizo muy buenas migas (a pesar de la fama de rompe-vestuarios que tenía).

Dejó destellos de su inteligencia en el campo, cuajando algunos buenos partidos, pero su limitado físico y la gran ambición del equipo le dejaban poco espacio para maniobrar, siendo en ocasiones en la cancha un lastre, y viéndose reducido a los minutos de la basura. Tanto es así, que en Playoffs prácticamente no pisó cancha (algo contra Brooklyn, y cuando los partidos estuvieron decididos contra Toronto).

¿Y por qué tanto bombo?

Seamos claros: TJ McConnell nunca ha sido nada más que un base decente, sin más. Ni el jugador franquicia, ni nadie sobre quien cimentar el futuro. Pero sobre todo, seguramente junto con Robert Covington, han sido las dos personas que mejor han representado todo esto. Se comió dos años, perdón por la expresión, de mierda, por conseguir su sueño, que era jugar en la NBA, y no sólo eso, sino que lo hizo con la mayor de las sonrisas. Dentro de la pista, ha sido y es el jugador que todo el mundo quiere tener en su equipo: un tío que, con su simple presencia, contagia a todo el mundo de su hambre de victoria y de lucha. Como él mismo dijo en el artículo que escribió para The Players Tribune el pasado diciembre (artículo muy recomendable, por cierto), perder es una basura, y siempre luchó por hacerlo lo menos posible.

TJ ha sido en el vestuario el amigo de todos. Fue él quien se encargó personalmente de hacer que cualquiera que llegaba nuevo, se encontrase a gusto en Philadelphia. Fue el recurso que usaba Brett Brown cuando veía a sus chicos en pista más empanados que un cachopo, para que se espabilaran. TJ McConnell fue, sin lugar a dudas, la garra, el corazón y el alma del proceso, y eso ya no se lo van a poder quitar. Llegó como un don nadie a Philadelphia, y se ha ido como uno de los héroes más icónicos de esta etapa. Timoteo Juan McConnell, no nos queda más que darte las gracias. Gracias por darlo todo por esta camiseta. Gracias por luchar por cada uno de los minutos en pista. Gracias por enseñarle a todo el mundo lo que significaba el proceso. Gracias por tantas, y tantas cosas que nos has dado. Y, al igual que con ‘RoCo‘, lo único que nos va a doler, y mucho, va a ser no verte con la camiseta de Phila y ese anillo en el dedo que tantísimo os habéis merecido. Mientras no ganemos el anillo, el ‘Timoteojuanismo‘ seguirá presente en todos nosotros.

Como diría uno que yo me sé… This will be for you, Cleveland TJ!

 

Imagen vía NBA

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