En Tiflis, la haltera Loida Zabala logró una medalla de plata europea y estableció un nuevo récord nacional en la categoría de 73 kg, un triunfo que adquiere mayor peso por su situación de salud: desde octubre de 2023 lucha contra un cáncer de pulmón con metástasis. Lo que ocurrió en Georgia no es solo una victoria deportiva, sino un testimonio de resistencia que plantea hoy preguntas sobre deporte, tratamiento médico y la gestión de la vida frente a una enfermedad grave.
Un podio con una historia detrás
La extremeña, nacida en 1987 en Losar de la Vera, compitió en París en sus ya cinco Juegos Paralímpicos y semanas después viajó a Georgia, donde levantó 105 kilos y se convirtió en subcampeona europea. El registro también supuso batir el récord de España en su nueva categoría de peso.
La relevancia inmediata está en que el logro llega mientras sigue en tratamiento por un cáncer diagnosticado el pasado octubre, con afectación en hígado, riñón y vesícula. Esa combinación convierte su medalla en una noticia de actualidad: demuestra cómo la práctica deportiva de alto nivel puede coexistir, con límites y riesgos, con terapias oncológicas complejas.
- Evento: Campeonato de Europa, Tiflis (Georgia).
- Resultado: Plata y récord nacional en 73 kg (105 kg levantados).
- Situación clínica: Cáncer de pulmón con metástasis, diagnosticado en octubre de 2023.
- Trayectoria paralímpica: Participó en París 2024; aspira a llegar a Los Ángeles 2028.
- Cambio de categoría: pasó de 67 kg a 73 kg por el efecto del tratamiento.
Riesgos aceptados y decisiones difíciles
La deportista ha explicado que el tratamiento ha controlado la enfermedad hasta ahora, aunque con expectativas limitadas: los fármacos que recibe suelen responder durante un tiempo medible. Ante esa realidad, su equipo médico y su entrenador han trabajado para compaginar la preparación deportiva con las indicaciones sanitarias.
Hubo momentos complicados: en un momento del calendario, una oncóloga le advirtió sobre riesgos asociados a volar por la posibilidad de complicaciones cerebrales. Aun así, Zabala decidió competir en pruebas internacionales obligatorias para asegurar su plaza en eventos mayores; en Tiflis llegó a ser ingresada por problemas vinculados a una reacción con la comida y su sistema inmune debilitado.
La haltera ha reconocido públicamente el papel de su oncóloga, a la que atribuye la prolongación de su vida y a quien dedicó las medallas. Según sus palabras, sin ese seguimiento clínico no habría podido afrontar ni la temporada ni los retos competitivos recientes.
Perspectiva deportiva y personal
En lo deportivo, el resultado en Georgia confirma a Zabala como una de las referencia en su modalidad: compitió por los oros hasta el final y su estrategia con el equipo técnico rindió frutos múltiples. En lo personal, su actitud combina aceptación clínica —reconoce que el cáncer es actualmente incurable— con una decisión clara de exprimir cada día.
Su horizonte deportivo sigue marcado por Los Ángeles 2028: pretende llegar a sus sextos Juegos Paralímpicos y mantiene la mentalidad de quien ha superado varias caídas para levantarse una y otra vez. A la vez, subraya que vive enfocada en el presente y en valorar cada mañana como una oportunidad.
La historia de Zabala trasciende el resultado en un podio: pone sobre la mesa cómo se toman decisiones en la intersección entre medicina y alto rendimiento, y recuerda que detrás de cada marca hay procesos clínicos, riesgos y la voluntad de quien compite.
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Periodista apasionado por el ciclismo, con años de cobertura de las grandes vueltas. Sus análisis tácticos y narraciones inmersivas transportan al lector al corazón de la competición.
