La teoría del equilibrio, por Ricky Rubio

Ricky Rubio ha tenido que construirse constantemente a sí mismo. Como jugador y como persona. Un ejercicio considerable a lo largo de los años que comenzó incluso antes de su salto a la élite del baloncesto español.

Formado en la cantera del Joventut, el Barcelona fue su última parada antes de hacer las maletas rumbo a Minnesota en 2011. Allí transcurrirían seis años en los que su irregularidad en el tiro, las lesiones y los pocos éxitos colectivos con los Wolves terminarían empañando sus más que demostradas habilidades para brillar en la NBA. Utah, en 2017, sería su siguiente destino, donde se vio obligado a componer una nueva receta de sí mismo para adaptarse a un esquema completamente nuevo para él. Ahora, dos años después, se halla en el mismo punto de partida, sustituyendo la gélida Salt Lake City por el calor abrasador de Phoenix.

En Arizona –tras firmar un acuerdo por tres años y 51 millones de dólares– aterriza en un estado de forma sensacional y una carta de presentación envidiable: MVP del Mundial de Baloncesto en el que la selección española conquistó la medalla de oro y de la cual fue el incuestionable líder. Un liderazgo que ansía dar continuidad ahora en su nuevo destino. Un liderazgo que ha alcanzado en base a una palabra que se ha convertido en su principal filosofía de vida: equilibrio.

El equilibrio siempre ha sido fundamental para Ricky, especialmente en la cancha, donde ha sabido nivelar la balanza, con madurez, de su combinación natural de instinto y magia. Esta armonía tiene su continuidad en su vida cotidiana, donde ha sabido equiparar rutina personal y deportiva.

Amante del yoga y la meditación en los últimos años, el base combina ambas actividades con el ajedrez. Para él, una metáfora de la vida. “Cuando estoy muy negativo, juego al ajedrez y me olvido de todo”.

Existe un cierto tipo de vacío intencional en dicha actividad, que utiliza como estímulo para desintoxicarse de las problemáticas del día a día. Para limitar las distracciones y el estrés innecesario de una existencia ligada al baloncesto de élite que genera una alta concentración de presión externa.  Una mentalidad que, por su parte, jugó un papel fundamental en su reciente decisión en la agencia libre, en la que consideró la comodidad y estabilidad interior sobre elementos que otros jugadores podrían haber priorizado, como un destino con mayor mercado o una franquicia candidata al título.

Todo es parte de lograr un estilo de vida holístico en el que el baloncesto no se halle irremediablemente por encima de todo lo demás. Una mentalidad global que, a su vez, le ha ayudado a lograr su clímax de madurez sobre la cancha.

Sergio Scariolo, seleccionador nacional español y quien conoce al jugador desde hace más de una década, declaró recientemente que Ricky ha alcanzado un nivel de armonía, madurez y confianza que antes no tenía.

“Es muy profundo. Está profundizando en lo que es importante para él, en sus valores y principios principales. Lo que ha experimentado como persona, a través del dolor y de su capacidad para recuperarse de las difíciles pérdidas –perdió a su madre por cáncer en 2016-. Ahora tiene un equilibrio personal en su vida fuera de la cancha.” Unas palabras ratificadas por el propio Rubio. “Me encontré de nuevo. Soy una mejor versión de mí mismo a causa de todo lo que he pasado.”

Esa autoconciencia, combinada con la evolución de su liderazgo, convierten a Ricky Rubio en una valiosa incorporación para Phoenix, una franquicia plagada de diamantes por pulir que, sin embargo, ha protagonizado una larga y agonizante odisea por el desierto desde la marcha de Steve Nash. Mientras que muchos ven a los Suns como una franquicia sin rumbo, el internacional español vislumbró una oportunidad de proyección y aprovechamiento recíprocos: el equipo abraza, por fin, el base y mentor que tanto anhelaba, mientras que él mismo podrá disfrutar de ese papel, tanto dentro como fuera de la cancha.

Ricky ha declarado que la forma en la que se crió, siempre con énfasis en preocuparse por los demás, es lo que le ha convertido en una persona con predilección por ayudar a su entorno, como hemos visto con su apoyo en la investigación sobre el cáncer y sus charlas para compartir sus experiencias con los más jóvenes. La misma razón por la que, en la cancha, disfruta ejerciendo un papel de distribuidor del juego más que de brazo ejecutor. “Me gusta realizar ese papel en el que puedo ayudar a mis compañeros a convertirse en mejores jugadores. Me hace sentir feliz.”

Y los Suns necesitan mucha ayuda. El pasado curso finalizaron con el peor récord de toda la liga y los pronósticos de esta nueva campaña no son demasiado esperanzadores. Ricky es solo una pieza más en el largo camino hacia la mejora, pero es fácil imaginar cómo su presencia y su filosofía de juego –y de vida- pueden ayudar a subir a desarrollar a todo ese arsenal de jóvenes promesas que atesora la plantilla.