Una entrevista reciente en la Cadena SER con el catedrático de Bioquímica José Manuel López Nicolás trae al primer plano una cuestión práctica: ¿merece la pena pagar por suplementos de selenio cuando la mayoría de dietas normales ya lo aportan? La discusión toca salud pública y también el bolsillo, en pleno auge del mercado del bienestar.
La industria de los complementos ha intensificado promociones sobre minerales y vitaminas, y el selenio figura entre los más publicitados. Las campañas sacan partido de las expectativas sobre la «mejora» del estado físico y la prevención, pero, según expertos, la relevancia real del suplemento depende sobre todo de cuánto se necesita y de cuánto se pone en el envase.
Lo esencial sobre la necesidad real
El organismo solo requiere una cantidad muy reducida de selenio para sus funciones básicas: mantenimiento del sistema inmune, la actividad tiroidea y la salud de piel, cabello y uñas. Según López Nicolás, la cifra de referencia diaria se sitúa en torno a 55 microgramos. Esa dosis suele cubrirse con una alimentación variada sin necesidad de recurrir a pastillas.
El problema no es la ciencia, sino la normativa y el marketing: la legislación europea autoriza a las marcas a exhibir declaraciones de beneficio si un producto aporta al menos el 15% de la ingesta diaria recomendada —aproximadamente 8 microgramos de selenio—, un umbral que facilita incorporar mensajes atractivos sin ofrecer cantidades significativas.
El resultado es una comunicación legal pero potencialmente engañosa: envases que prometen apoyo al sistema inmunitario o a la tiroides basándose en aportes mínimos que la dieta ya puede suministrar.
Consecuencias económicas y prácticas
El contraste entre alimentos naturales y suplementos puede ser llamativo en términos de coste. López Nicolás puso un ejemplo didáctico: 100 gramos de atún contienen alrededor de 82 microgramos de selenio y, en muchos establecimientos, ese alimento no suele costar más de unos céntimos. En cambio, un frasco de complementos con la misma o menor contribución de selenio puede venderse por varias decenas de euros.
| Elemento | Contenido aproximado de selenio | Observación |
|---|---|---|
| Atún (100 g) | ≈ 82 µg | Fuente alimentaria rica y económica, según el ejemplo del experto |
| Fuentes habituales | Varias (pesca, carne, huevos, lácteos, cereales, legumbres) | Una dieta equilibrada suele cubrir las necesidades diarias |
| Suplementos | Desde >8 µg por unidad hasta dosis terapéuticas | Permiten alegaciones en el etiquetado si alcanzan el 15% de la RDA |
No se trata de demonizar los complementos: en situaciones médicas concretas o en personas con deficiencias diagnosticadas pueden ser necesarios. La alerta del catedrático apunta a la rutina consumista: pagar por pastillas que ofrecen lo que ya se obtiene de la dieta es, en muchos casos, innecesario.
- Qué debe considerar el consumidor: revisar si su alimentación es variada antes de comprar suplementos.
- Etiqueta y cantidades: buscar la cantidad real de selenio por dosis y comparar con la RDA (55 µg).
- Coste-beneficio: calcular si es más económico y práctico obtener el mineral a través de alimentos.
- Consulte a un profesional: ante dudas o condiciones médicas, pedir orientación clínica antes de suplementar.
En definitiva, la recomendación implícita en la entrevista es clara: para la mayoría de la población, es más eficaz y barato recurrir a hábitos alimentarios que llenar el botiquín de complementos. El debate abierto por López Nicolás obliga a mirar con más escepticismo las etiquetas y a valorar el consumo responsable en un mercado que crece a gran velocidad.
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Periodista apasionado por el ciclismo, con años de cobertura de las grandes vueltas. Sus análisis tácticos y narraciones inmersivas transportan al lector al corazón de la competición.
