Investigadores de la Universidad Técnica de Graz están reutilizando un principio ancestral español para combatir el calor urbano: a partir del funcionamiento del botijo han diseñado cubos cerámicos porosos impresos en 3D que, en pruebas iniciales, han logrado bajar la temperatura del ambiente casi 7 °C. El hallazgo, aún experimental, plantea una alternativa pasiva y de bajo consumo para mitigar el efecto isla de calor en ciudades cada vez más calientes.
El mecanismo es simple y conocido desde hace siglos: el recipiente de barro permite que el agua atraviese sus poros y humedezca la superficie exterior; esa humedad se evapora y extrae calor del líquido interior. Aplicando esa lógica a piezas cerámicas de alta porosidad y fabricadas por impresión 3D, el equipo austríaco ha logrado reproducir el enfriamiento por contacto con el aire en espacios abiertos y cerrados.

Los ensayos preliminares, según los responsables del proyecto, muestran reducciones térmicas importantes en áreas probadas, aunque los resultados dependen del clima local, la ventilación y la humedad ambiente. Los investigadores advierten que todavía se trata de prototipos y que hacen falta pruebas a mayor escala para confirmar su viabilidad urbana.
- Qué son: cubos cerámicos altamente porosos, diseñados para favorecer la evaporación del agua retenida.
- Cómo funcionan: el agua migra por los poros, humedece la superficie y se evapora, refrigerando el entorno sin energía eléctrica.
- Resultados iniciales: reducción de temperatura de hasta casi 7 °C en condiciones controladas.
- Limitaciones: eficacia condicionada por humedad, viento y precipitación; requieren suministro de agua y mantenimiento.
- Estado: investigación en fase experimental; pendiente evaluación de coste, durabilidad y escalado urbano.
El proyecto adquiere relevancia en un contexto en el que la configuración física de las ciudades influye decisivamente en cómo se acumula el calor. Un estudio del Consejo Nacional de Investigación de Italia (CNR) de 2025 subrayó que la topografía urbana y la distribución de zonas verdes condicionan la intensidad del fenómeno: en urbes con relieve complejo y cinturones verdes en la periferia las diferencias térmicas entre centro y afueras suelen ser más pronunciadas, mientras que en ciudades llanas esas diferencias tienden a ser menores o incluso invertidas en algunos casos, explica Marco Morabito, investigador del CNR-IBE y coordinador del análisis.
La propuesta de Graz abre posibilidades prácticas: instalar módulos cerámicos en fachadas, pérgolas, mobiliario urbano o plazas podría añadir capacidad de enfriamiento pasivo sin recurrir a aire acondicionado, reduciendo demanda energética y la carga térmica sobre la ciudad. Pero la conversión de prototipo a solución urbana exige superar retos técnicos y logísticos.

Entre los principales interrogantes están la disponibilidad y gestión del agua en zonas secas, la resistencia mecánica y al desgaste de las piezas impresas, el riesgo de proliferación de microorganismos en superficies húmedas y el coste de fabricación a gran escala. También será necesario medir el impacto real sobre la temperatura superficial y la sensación térmica en condiciones veraniegas diversas.
Si los próximos ensayos confirman los prometedores registros iniciales, la técnica podría integrarse con estrategias de planificación —más vegetación, materiales refractarios, diseño de ventilación urbana— para reducir episodios de calor extremo. De momento, la innovación recuerda que tecnologías antiguas pueden inspirar soluciones contemporáneas, pero su aporte efectivo dependerá de evaluaciones rigurosas y de cómo se adapten a cada paisaje urbano.
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Periodista apasionado por el ciclismo, con años de cobertura de las grandes vueltas. Sus análisis tácticos y narraciones inmersivas transportan al lector al corazón de la competición.
