Llegar a la cifra de los 100 partidos con el combinado nacional de tu país siempre es un orgullo, pero cuando lo consigues con mucho trabajo y dedicación te deja mejor sabor de boca.

Eso es lo que le pasó a Cristina Ouviña, quien se convirtió en centenaria con España en las últimas Ventanas FIBA, que se disputaron los pasados días 9 y 12 de febrero. En concreto, en el partido que las enfrentó a Islandia. Un encuentro donde la base aragonesa demostró su gran habilidad con el balón, pero también lo increíble que es como persona.

Hay detalles que diferencian a las que solo son buenas jugadoras de las que son estrellas tanto dentro como fuera de la cancha, y el vídeo que pondré a continuación es una muestra de ello.

 

 

 

Desde que Cristina debutó con España a mediados del 2012, en un partido contra Bulgaria, en el que anotó 10 puntos, en los clasificatorios para el EuroBasket, hasta el presente han pasado muchas cosas. Tanto buenas como malas, pero la constancia llevó a esa joven base que apuntaba maneras a convertirse en una de las mejores del continente. Los 100 partidos con el combinado nacional son solo un número que sirve para demostrar la importancia de su figura.

Al igual que Ouviña era una fan de Laia Palau, que soñaba con estar donde está ahora, muchas jóvenes que han ido llegando detrás han vivido lo mismo pero siendo ella su referente y el espejo en el que mirarse.

La base de la sonrisa eterna, de la competitividad en la mirada y de los grandes gestos. Su magia sobre la pista solo es una parte de todo lo que significa Cristina como jugadora.

 

 

Mucho trabajo y fuerza de voluntad

Desde que era muy joven y estaba en las categorías inferiores del combinado nacional, Ouviña, ha trabajado sin descanso para ir cumpliendo sus objetivos uno a uno. Pocas jugadoras se pueden encontrar con su mentalidad, la de ir haciendo todo lo que sea necesario para intentar llegar a donde quiere estar.

En los últimos años, ya en la absoluta, son conocidas su entradas y salidas de la Selección. Pero no se ha rendido ni una sola vez y siempre ha trabajado pico y pala hasta volver a las convocatorias. Pero, desde que era prácticamente una niña, ya sabe lo que es esforzarse para estar entre las elegidas para una lista.

Su madre, Esther Modrego, dijo esto para Aragón Digital en el 2006 tras el campeonato de Europa de cadetes: “Estamos muy contentos porque, además, ha sido sin esperarlo. Hemos pasado un poco de miedo porque parecía que no iba a entrar pero luego sí que lo ha hecho y ha jugado mucho. Es un orgullo”.

Es muy luchadora. En los partidos importantes aún lucha más” añadía su madre, y esa forma de ser es lo que ha ayudado a que sea una de las principales caras del baloncesto español más de una década después.

 

 

 

 

El verdadero valor de sus éxitos deportivos

Esa niña que luchaba por entrar en la convocatoria de la sub-16 siguió con la misma ética de trabajo y voluntad inquebrantable durante los años que estuvo fuera de la absoluta, y ahora se hace imposible imaginar a España sin tenerla a ella en la pista.

Da igual que no la llevaran convocada, que sufriera de lesiones, que pasara por momentos malos. Siempre sale adelante y sigue con su camino. Como dice una cita muy famosa, ‘no me juzgues por mis éxitos, júzgame por las veces que me caí y volví a levantarme’.

Medalla de oro en el EuroBasket de 2013, un bronce en el Mundial de 2018 y otro oro en el EuroBasket de 2019 se suman a cumplir el sueño de ser atleta olímpica, siendo un historial muy bueno con la Selección. Pero, la forma de conseguirlos es lo que tiene verdadero valor.

Absolutamente todos y cada uno de los premios que reciba serán más que merecidos. Una persona que brilla con luz propia tanto dentro como fuera de la cancha, que se deja la vida por el baloncesto cada vez que sale a pista y, que lleva tantos años trabajando para lograr alcanzar sus metas, siempre se va a merecer que le pasen cosas buenas.

Porque ganar medallas y recolectar MVPs es importante, pero ser una referente y una jugadora que marca a la gente que tiene a su alrededor es mucho más grande.

Hay cosas que van mucho más allá de los reconocimientos deportivos, y en la figura de Cristina Ouviña se ven reflejadas a la perfección. Porque lo fácil es quedarse con el palmarés y la habilidad, pero si miras más en profundidad para ver todo el tiempo empleado en mejorar, la constancia de tantos años currando y hacerlo siempre desbordando alegría, tiene mucho más mérito todo.

 

 

 

 

 

 

 

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Imágenes vía: FEB, Aragón Digital

Por Manu Fresno

La magia ocurre sobre el parqué, solo soy encargado de narrarla.