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Almodóvar molesto con Sabina desde 1992: admite por primera vez que nunca le agradó

Almodóvar lleva disgustado desde 1992 con Sabina: "No me gusto nada. Es la primera vez que lo digo"

En la última entrega del podcast La pija y la quinqui, el cineasta Pedro Almodóvar y su hermano Agustín reavivaron una vieja tensión artística: el director negó sentirse cómodo con la etiqueta de “chica Almodóvar” y reveló un desencuentro, hasta ahora poco conocido, con el cantautor Joaquín Sabina. La conversación reabre el debate sobre cómo se construyen las imágenes públicas y qué efecto tienen esas etiquetas en las intérpretes y en la memoria del cine español.

Durante la charla, Almodóvar rechazó la titularidad sobre el apelativo que reúne a varias actrices de su filmografía. Aclaró que, en su opinión, esa etiqueta encaja mejor en la percepción pública que en su propia autodefinición, y puso como ejemplo a Rossi de Palma, a quien consideró una encarnación más fiel de ese imaginario.

El episodio incluyó además una anécdota que data de principios de los años noventa: Sabina compuso una canción titulada “Yo quiero ser una chica Almodóvar” y, según el director, él no mostró interés por ella. Almodóvar explicó que no llegó a comentar la pieza con Sabina y que, con el paso del tiempo, percibió que esa indiferencia molestó al cantautor.

Más allá del gesto, lo que incomodó al cineasta fueron algunos versos de la letra. Relató que la canción hacía alusiones a figuras como Miguel Bosé, Bibiana Fernández y Carmen Maura en términos que él consideró hirientes y voluntariamente mordaces. Por eso, dijo, no le resultó graciosa.

  • Invitados: Pedro y Agustín Almodóvar en el podcast La pija y la quinqui.
  • Revelación: desacuerdo de Pedro con la canción de Joaquín Sabina (1992) y con el uso de la etiqueta “chica Almodóvar”.
  • Figura destacada: Rossi de Palma, señalada como referente del imaginario asociado al director.
  • Consecuencia pública: tensión no resuelta entre artistas y revisión de cómo se narran identidades en la cultura española.

Los presentadores del programa comentaron, a modo de cierre, su admiración por la libertad con que Almodóvar se expresa y apuntaron que poder decir lo que uno piensa sin sufrir represalias parece una forma de éxito. Ese intercambio ofrece una lectura útil: las figuras públicas pueden sentirse distantes de las etiquetas que gobiernos culturales y medios les aplican.

Para el público y los seguidores del cine español, la anécdota tiene dos lecturas relevantes. Por un lado, expone la fragilidad de las representaciones colectivas: una canción o un titular pueden fijar una imagen que no siempre refleja la voluntad de quienes aparecen en ella. Por otro, recuerda que los debates entre creadores —aunque a veces privados— terminan afectando la forma en que se recuerda una época y a sus protagonistas.

Sea más o menos conocida, esta conversación subraya por qué importa hoy repensar las etiquetas culturales: ayudan a comprender el pasado, pero también pueden limitar la manera en que artistas y actrices son vistos en el presente.

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