Un reciente episodio de podcast con la experta en microbiota Marta León ha vuelto a poner en debate una práctica cotidiana: beber grandes cantidades de agua durante las comidas. La advertencia importa porque altera procesos digestivos básicos y puede tener consecuencias prácticas para quienes controlan el peso o la glucemia.
Cómo afecta el exceso de líquido a la digestión
Al ingerir alimentos, el estómago secreta jugos gástricos —entre ellos el ácido clorhídrico— que descomponen las proteínas y facilitan la absorción. Si se incorporan volúmenes importantes de agua mientras se come, se reduce la concentración de esos fluidos y la acidez necesaria para la digestión.
La disminución de la acidez puede derivar en una condición conocida como hipoclorhidria, con efectos concretos: digestiones más lentas y menos eficaces, mayor tendencia a producir gases y sensación de hinchazón. En resumen, no es solo una molestia: puede modificar la forma en que el cuerpo procesa los nutrientes.
El orden de los platos también cuenta
No solo influye cuánto líquido se toma, sino también qué se come primero. Comer verduras u otros alimentos ricos en fibra al inicio de la comida estimula la microbiota intestinal y promueve la producción de enzimas que facilitan la digestión. En cambio, introducir pan u otros hidratos al principio puede retrasar ese proceso.
Seguir una secuencia que priorice verduras y proteínas antes de los carbohidratos puede además aumentar la sensación de plenitud.
| Momento | Recomendación | Posible efecto |
|---|---|---|
| Antes de comer | Un vaso de agua 20–30 minutos antes del plato | Activa la digestión y ayuda a controlar el hambre |
| Durante la comida | Sorbeos moderados; evitar grandes cantidades | Reduce la dilución de jugos gástricos y acelera el vaciado gástrico |
| Después de comer | Beber con moderación, según necesidad | Permite una digestión más eficiente si no hubo exceso previo |
Qué conviene hacer en la práctica
- Beber un vaso de agua unos 20–30 minutos antes de la comida para preparar el sistema digestivo.
- Durante las comidas, optar por pequeños sorbos en lugar de grandes tragos; la finalidad es facilitar el paso de los alimentos, no sustituir los jugos gástricos.
- Empezar la comida por verduras o ensalada para activar enzimas y la microbiota antes de introducir pan o féculas.
- Si se busca controlar el peso o la glucemia (prediabetes/diabetes), aprovechar la mayor sensación de saciedad que aporta empezar con vegetales.
Para la mayoría de la población estos ajustes son sencillos y seguros; no obstante, personas con condiciones médicas específicas deben consultar con su profesional sanitario antes de cambiar hábitos. En cualquier caso, pequeñas modificaciones en cuándo y cómo bebemos durante las comidas pueden mejorar el confort digestivo y la percepción de saciedad sin grandes sacrificios.
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Periodista apasionado por el ciclismo, con años de cobertura de las grandes vueltas. Sus análisis tácticos y narraciones inmersivas transportan al lector al corazón de la competición.
