The Greek Freak, un rayo de esperanza

Recordemos aquellas épocas de los años 90’s. Cuando se respiraba otro ambiente en los pabellones de la NBA. Dónde importaba más el legado que fueras a dejar, que ir persiguiendo campeonatos. Unos años en los que el mejor jugador de la historia del basket se mantuvo en Chicago hasta elevarse al Olimpo. Antes se tenían unos valores muy contrarios a los que ser pueden observar a día de hoy. O sin ir tan atrás en el tiempo, tenemos muchos otros ejemplos. ¿Quién no recuerda el amor eterno entre Kobe y Lakers?. ¿Quién imaginaba a Ginobilli utilizando otra camiseta?.

Han sido incontables las estrellas de la NBA que han tenido una vida difícil. Muchas adversidades que superar antes de llegar a triunfar en el mundo del baloncesto. El propio Allen Iverson, y toda la controversia que le acompañó hasta ser un jugador histórico sin necesidad de un anillo para ello. Un caso más reciente son problemas familiares con los que ha lidiado Joel Embiid. Las estrellas de los 76ers tienen unas historias detrás que le han forjado esas personalidades tan características. Se podría hacer un volumen inmenso sobre grandes nombres que hayan pasado por situaciones como las citadas. Pero por ahora vamos a centrarnos en una de las más especiales de los últimos tiempos

La estrella griega de Milwuakee no ha ido precisamente por un camino de rosas hasta llegar a donde está ahora. Saber lo que es no tener prácticamente nada es lo que te hace valorar de verdad tenerlo todo. Por no añadir que sentirte sin salidas ni un futuro claro y que confíen en ti, es algo que no tiene valor material. Tener la oportunidad de dejar de buscarte la vida para sobrevivir en la calle para forjar una carrera en el mundo del deporte fue algo que Giannis no pudo dejar escapar. Hay trenes que solo pasan una vez en la vida, y por suerte él fue capaz de subirse al que le tocaba.

Giannis nació en Grecia siendo hijo de padres inmigrantes procedentes de Nigeria. Aunque realmente no obtuvo la nacionalidad por completo hasta antes de haber dado el gran salto hacía el baloncesto de élite. Teniendo trabajos ilegales en la sociedad en la que vivía. Como vendedor ambulante por las calles de Atenas, entre otros. El haber salido de la más auténtica pobreza ha dejado grandes anécdotas en lo que lleva Antetokounmpo en la NBA. Llegando a ser incluso “tacaño” en sus inicios. Influido por no haber asimilado aún que tenía los bolsillos llenos. No se había adaptado a que su vida era otra completamente diferente a la que conocía hasta ese momento.

Desde que le descubrieron, sabían que era alguien con un físico creado para jugar al baloncesto. Pese a que él tuviera afición por otras disciplinas. La pelota naranja acabó siendo parte fundamental de su vida y el motor por el cual se regiría la misma. Empezando su carrera como profesional con 17 años en la segunda división nacional. Dónde logró méritos para dar un paso hacía algo aún mayor.

Recibió muchas ofertas de las grandes ligas europeas, lo que le dio a barajar muchas opción. No habiendo recalado en la ACB, en las filas del CAI Zaragoza, aunque estando a punto, llegó el viaje rumbo competir contra los mejores del mundo. El Draft de la NBA en el cual fue seleccionado en la primera ronda y le abrió las puertas a demostrar su grandeza al mundo.

En 2013, cuando llegó a Estados Unidos se tenían grandes esperanzas sobre su figura. No se buscaba un gran impacto en la temporada rookie que metiera al equipo en la lucha por el anillo, ni mucho menos. Había calma con el novato que se había incorporado a la plantilla de Milwuakee. Se priorizó mejorar su físico y sus habilidades con el balón de cara a tener un referente de cara a la próxima década.

Cuando realmente llegó a notarse su presencia en la liga fue durante la temporada 2016/17. Finalmente el griego se había convertido en una arma letal dentro de las cuatro líneas que delimitan el lugar mágico donde transcurren los partidos. Siendo llamado para su primera aparición en el All-Star y firmando una temporada que hacía pensar que llegaría a aspirar muy pronto por el MVP que le ganó entre lágrimas a James Harden.

Pasar de que te rechacen en casi todos lados a que te reciban con alfombra roja, debe ser una sensación que cueste describir. Con la fama y todos los focos encima, ¿sabéis que ha cambiado Antetokounmpo en la forma de ser?, absolutamente nada. Siendo un auténtico ejemplo de humildad a la altura, ya no de muchos jugadores de baloncesto o deportistas, sino de cualquier persona.

Su amor por la franquicia que le acogió como si fuera su casa, es algo que nunca olvidará. Dejando claro en múltiples ocasiones que el color verde del equipo corre por sus venas. No necesita súper estrellas al lado, ni un gran mercado. Giannis es feliz compitiendo en los Bucks y liderando a sus compañeros hacía la victoria. La temporada heroica de los Raptors, y sobre todo de Kawhi Leonard, le hicieron imposible verse en las Grandes Finales, pero seguirán luchando por ello.

En una NBA en la que los grandes jugadores se alían entre ellos para buscar el anillo, la figura de ‘The Greek Freak’ es todo un rayo de esperanza para los aficionados que buscan la competitividad y el espectáculo sano. Junto a Damian Lillard, son de las pocas estrellas realmente fieles al calor de sus aficiones que quedan. Las prisas por ganar y hacerlo del método sencillo está nublando la que siempre ha sido la mejor competición deportiva del mundo. Estos dos jugadores han tenido la suerte de tener buenos escuderos en sus franquicias, por lo que la nueva ‘liga de las parejas’ que se ha formado les viene de perlas.

Manu Fresno

Fundador y director.