No creo que haya algún seguidor del baloncesto que desconozca quien es la posible mejor jugadora de la historia. Una leyenda que cerca de cumplir los 38 años sigue formando parte de la élite mundial. Como si el tiempo no hubiera pasado por ella desde que su nombre empezó a retumbar por todo el planeta cuando jugaba en la NCAAW junto a Sue Bird. Unas carreras paralelas y que esperan que acabe la pandemia para despedirse de las canchas como se merecen.

Durante la estancia de Diana Taurasi en las UConn Hukies empezó a forjar su camino hacía el Hall of Fame y ser la baloncestista más conocida en la esfera. Aunque no fuera a raíz de hacer grandes números, sus sensaciones dentro de la pista eran únicas. Desde antes de ser profesional tenía una competitividad y carácter demasiado especial. Además de tener el talento que todos hemos podido disfrutar durante el paso de un par de décadas.

Sus estadísticas al presentarse al draft de 2002 fueron de 15.0 puntos, 4.3 rebotes y 4.5 asistencias, pero con un dominio del juego que hacía imposible que no fuera la primera elección general por las Phoenix Mercury. En la liga universitaria sus derrotas no llegaron a dobles dígitos, siguiendo un legado en Connecticut que se sigue perpetuando hasta las próximas generaciones, con Paige Bueckers como principal pilar para comenzar los años 2020’s.

 

Uno de los consejos que ha dado a jugadoras más jóvenes y que siempre ha reflejado en su baloncesto es ‘mantenerse siempre enfadada‘. Siempre tomar todo muy enserio y no relajarse nunca hasta conseguir cumplir los objetivos. Así todos y cada uno de los días. En cada uno de los entrenamientos. Y ni hablar a la hora de los partidos. Una filosofía de vida y ética de trabajo que fueron suficientes para que Kobe Bryant la apodara como ‘White Mamba‘.

De hecho, la lesión que tuvo durante la temporada pasada fue un claro ejemplo de su energía. Unos problemas en la espalda que harían que la mayoría de veteranas se retiren, no pudieron con Taurasi y sus ansias de seguir dando guerra. En una entrevista con la ESPN habló sobre este proceso que superó: «Me rehabilité durante 6 o 7 horas al día, solo tratando de recuperar la sensación, los músculos y la espalda, y simplemente no estaba sucediendo. Durante esas seis semanas, tuve un par de epidurales. La primera funcionó. La segunda, no tanto. Y luego volví a Phoenix, obviamente, mucho antes de lo que quería y luego me reuní con los médicos y nuestro entrenador y el Dr. Terrence Crowder«, haciendo todo lo posible por volver en el mejor estado de forma posible.

Aunque se encuentre mucho más cerca de su retirada que de su debut, el aura que rodea a Diana es el mismo que cuando jugaba en UConn. El claro ejemplo de que la juventud es una actitud del alma y que mientras le quede mecha seguirá liderando a sus Mercury junto a Brittney Griner. No es la primera lesión que sufre, pero si la más grave. Algo que podría asustar, si no fuera porque hablamos de Taurasi.

«Con la mayoría de las lesiones no perdí mucho tiempo. Esta es la primera vez. Realmente he sido afortunada porque cuando tienes ese historial médico después de 15 años… Tú estás como, ‘Dios mío… He puesto mi cuerpo en el infierno’. Pero ahí es donde estoy«, añadió a lo anterior. Un claro ejemplo de que hace falta mucho más que daños físicos para hundir a la que se puede llamar G.O.A.T sin ningún miedo.

Dentro de las canchas todos sabemos su grandeza y casi divinidad. Es fuera de ellas donde sigue siendo igual de influyente, además de ser muy diferente a como se la ve mirando fijamente a la pelota naranja ‘como un perro de caza’. A la hora de atender a los fans cambia esa mirada asesina por una dulce sonrisa con la que atenderlos. Un ejemplo más claro que este es muy difícil de encontrar:

 

A lo que también tenemos que añadir el episodio que vivió en Argentina, país de donde viene su descendencia y de donde se entiendo que se llame Diana Lorena. En diciembre de 2019 disputaron un partido de la Selección de Estados Unidos contra la albiceleste, los aficionados argentinos le cantaban a Taurasi desde la grada: «Soy argentino, es un sentimiento, no puedo parar…«. Un cántico al que la propia jugadora acabó acompañando en los últimos instantes del encuentro. Una situación tan reconfortante que llevó a que luego le preguntaran si en algún momento podría ser la entrenadora del combinado nacional de Argentina, a lo que respondió: “Si hay alfajores y dulce de leche, sí”.

Y es que realmente, ¿quien no quiere tener una hija y que se parezca a Diana? En todos los ámbitos que se conocen de ella como deportista y personas son envidiables. Una jugadora en la que puedes fijarte para copiar movimientos sobre la pista o que puedes tener como ejemplo a seguir por su fuerza mental para superar todo. Unas características que se unen haciendo que sea la jugadora más especial que nunca haya pisado una cancha de la WNBA.

 

#EntraEnLaZona

Por Manu Fresno

La magia ocurre sobre el parqué, solo soy encargado de narrarla.

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